La vida es bella (y relativa)

PEDRO BERMÚDEZ

DEZA

EL CRISOL | O |

12 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LA VIDA ES relativa. Son relativas las negaciones -por muy categóricas que sean- y son relativas las afirmaciones -sobre todo las de Ángel Acebes-. Son relativas las alegrías y las penas. Las lágrimas también son relativas. Las depresiones, las amistades, los amores. Todo es relativo. Incluso las pasiones. Las distancias, por supuesto, también son relativas. ¿Está más cerca, un pueblo a cuarenta kilómetros al que se llega en 45 minutos o otro a ochenta con media hora de trayecto? La historia en sí es relativa. Y la sed. Y el dolor. Las mentiras, los odios, las miradas. Incluso las tragedias son relativas. Pueden ser atroces, salvajes, mayúsculas. Pero siempre son relativas. ¿Es más tragedia la que mata a más gente o la que nos pilla más cerca? ¿Es peor un atentado sorpresa o una guerra minuciosamente calculada? ¿Es peor que mueran doscientos palestinos o uno sólo de nuestros hijos? ¿Es peor el atentado de Madrid o el de las Torres Gemelas? ¿Es mejor matar a un asesino o permitirle que mate a sus vecinos? ¿Es peor el hambre o las guerras? ¿Es mejor salvar al soldado Ryan o salvar a sus compañeros de filas? ¿Es mejor un atentado en Madrid o uno en Barcelona? ¿Es peor una masacre en Atocha o una en Santiago de Compostela? Todo es la misma barbarie. Pero la percepción de la tragedia es relativa. La historia en sí es relativa. Depende de quién la sufra. Y depende de quién la escriba. Lo único que no es relativo es la muerte. La muerte es inquebrantable. Invencible. Inevitable. Implacable. Incontestable. La vida no. La vida es bella. Aunque a veces nos enseñe su cara sombría.