Las fórmulas de la pólvora

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Crónica | Internet ofrece recetas para su fabricación La pólvora artesanal encontrada en una cantera de Rodeiro al parecer produce una deflagración más lenta que la comercializada y la piedra se cuartea menos

28 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?a pólvora fue el primer explosivo conocido. Su fórmula se puede conseguir hoy facilmente en distintas páginas de Internet. La Guardia Civil no facilitó datos de la pólvora de fabricación casera encontrada en una cantera de Rodeiro, pero sí significaron que su composición era la de la pólvora común. Al parecer la diferencia entre ésta y la que se compra hecha es que la fabricada de forma más artesanal tiene una deflagración más lenta. Eso origina que la piedra se cuartee menos y no se rompa tanto. Al parecer éste podría ser el motivo de su utilización en la cantera de Rodeiro. Una zona en la que el granito se presenta de una forma veteada. En las canteras se usa habitualmente dinamita para realizar labores de desmonte o de rotura; la pólvora para cortar y mechas detonantes para trabajos de escuadra. La receta de la pólvora se compone de tres ingredientes: nitrato potásico, carbón vegetal y azufre. Los tres se pueden encontrar fácilmente en el mercado. El nitrato potásico se utiliza como abono. Las proporciones varían según las recetas, pero incluyen aproximadamente un 75% de nitrato potásico, un 7,5% de carbón vegetal y un 12,5% de azufre. La mezcla se une con un 5% de agua para empastarla en un mortero de madera. Luego sólo es necesario pasarla por un cedazo fino y secarla un par de horas a pleno sol. Una fórmula que ya se conoce en el siglo XII y aparece en unos escritos del monje inglés, Roger Bacon. La facilidad para conseguir los ingredientes y lo fácil de la fórmula hacía que hace algunas décadas en diversos pueblos, los jóvenes tuviesen por costumbre la elaboración de forma artesana pequeñas cantidades para utilizarla en las fiestas como detonante de pequeños cohetes. La pólvora se utilizó ya durante el sitio de Pisa en 1403 para minar los muros de las fortificaciones. Ya a comienzos del siglo XVII su uso se reglamentó y desde un poco antes su fabricación era ya, en la mayoría de los países, un monopolio del Estado.