El CRISOL | O |
24 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ESOS DOS diputados madrileños que tantos comentarios provocan desde hace días -curiosamente en el mismo sentido sin que el PP le saque mayor tajada al asunto- están sacrificando sus almas, sus cuerpos y quizá sus cuentas bancarias a cambio de algo que acabaremos descubriendo pronto. Por estas montañas del norte pontevedrés aceptamos, de mala gana, otro sacrificio que nos efecta a todos, y a la naturaleza que nos dejaron nuestros padres y abuelos y a la que vamos a ceder algún día a nuestros descendientes: la proliferación de minicentrales en los ríos de la zona y de parques eólicos en las cimas de los montes. Sabemos que las empresas energéticas andan necesitadas de estas instalaciones. Nadie quiere centrales nucleares, y lo único bueno de esos aprovechamientos hidroeléctricos y del viento es que veinte parques eólicos y diez minicentrales pueden cubrir las necesidades o las carencias energéticas por un tiempo, ayudando a unas centrales térmicas que tampoco quiere nadie pero que son el mal menos nocivo. Algunos pueden consolarse algo con esas apreciaciones, pero molesta que, ahora que estamos en los días más largos del año y las calefacciones dejaron de funcionar hace meses, un alto responsable de Endesa venda la historia de que, con el calor, están funcionando millones de ventilaciones en España, y se consume más electricidad que en invierno. Lo dijo recién entrado el verano, cuando los alumbrados públicos de toda la península consumen un tercio menos que en el resto del año. Agregó que hay que producir más energía, y que la atómica podría valer. En ese caso, que nos quiten las minicentrales y los parques eólicos.