EL CRISOL | O |
29 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.PUES NADA. Que lo echamos de menos diez meses, y parece que llega: con fuerza y en días laborables. El veranito: las altas temperaturas, los termómetros que suben y suben, las radios que se van a las terrazas a preguntar a los camareros cuál es la mejor bebida para cortar la sed, los tirantes de ellas, los nikis de ellos, las horas de solarium, los resultados de los días de dieta y de las tapitas del bar. El buen rollito, el atasco de la playa, ese volante que quema a las tres de la tarde y ese coche digno de meter a cocer cuatro pizzas con horno fuerte . Aunque al final nos metamos nosotros, y descubramos que el cuerpo no se cuece como el pan, aunque suda como un pollo. Que por cierto, no conozco a nadie que viese sudar a un pollo. Porque sí tiene demostración empírica que los cerdos sudan, pero no es caso de establecer algunos símiles: después de todo, el humano transpira: tinta china. Qué cosas. Polvo, sudor y lágrimas. Como el Cid cabalgamos, mientras buscamos las sombras hasta llegar al fin de semana. A mañana: que lloverá. Algo tendrán que ver Murphy y sus leyes, pero seguro que ni mañana ni el domingo tendremos días como los de esta semana veraniega en este mayo florido y hermoso, que caduca mañana. En estas jornadas que echamos en falta que alguien baje unos grados el termostato, para no achicharrarnos mientras trabajamos. En estos días en que el aglomerado no es en caliente, sino en hirviendo. Que enciendan un poquito el aire acondicionado, para los humanos, para los pollos, para todos. Al menos hasta que podamos descansar al frescor del río o achicharrarnos a conciencia y por gusto en el mar. ¿Que estará aglomerado?