Reunión familiar en Lalín

PEDRO BERMÚDEZ

DEZA

EN LA JORNADA de hoy, se reúne en Lalín la familia Lamego. Vendrán familiares desde Argentina y desde Brasil, parientes que ni siquiera se conocen se reunirán en torno a la casa familiar de los patriarcas Ramón González y Socorro Ferreiro, en Sestelo (Botos). Serán 135 Lamegos los que compartirán mesa y mantel, cuatro generaciones de una familia que ha investigado en los archivos eclesiásticos, en el Registro Civil, buscando el reencuentro del mayor número de parientes. Siempre me han gustado las familias grandes. Las familias en que cada uno de los numerosos hermanos es único e insustituible, pese a parecerse como dos gotas de agua, al que le sigue o al que precede. Los primos que se convierten en compañeros de juegos en la infancia, inseparables en las verbenas de adolescencia y amigos sempiternos en la madurez. Son cada vez las familias que, como los Lamego, deciden reunirse y evocar antiguos recuerdos o bien conocer a otros familiares a los que las circunstancias de la vida llevaron lejos en el tiempo, pero que permanecieron cerca en el corazón. Será porque cada vez son menos frecuentes aquellas familias numerosas, con varios hijos, y con los abuelos compartiendo el día a día. Seguro que a ninguna familia de hoy se les podría escapar Chechu -¿recuerdan «La gran familia»?-, porque hoy Chechu sería hijo único, y desde luego su falta se iba a notar de inmediato. Porque, en eso nada ha cambiado, cada Chechu es irrepetible: como todas y cada una de las 135 personas que hoy se unen en Lalín, orgullosos de llevar el nombre de Lamego, aunque no figure en ningún DNI. Porque, casi siempre, lo importante es tan íntimo que no se llega a ver.