Empresa y Xunta burlan a los trabajadores con una alternativa de paja ante la aparente pasividad del Concello pontevedrés «Para este viaje no hacían falta tantas alforjas», dijo ayer el alcalde de Pontevedra, Miguel Fernández Lores, al valorar el proyecto alternativo de Tafisa una semana después de conocer la verdadera intención de la compañía. La multinacional Soane trata de clausurar la vieja fábrica del Lérez para enclavar allí mismo una línea de «floring», un atractivo producto de laminados de alta resistencia a la abrasión, que, sin embargo, no será competitivo si la línea no va acompañada de una planta de tablero. Los trabajadores se sienten burlados y sólo confían en que se alcance un acuerdo tripartito que les salve de su negro futuro.
04 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El largo culebrón de Tafisa se retuerce y entre su viscoso tronco parecen haber quedado atrapados los trabajadores que aún forman parte de la cada vez más menguada plantilla de la vieja fábrica de tableros. El alcalde de Pontevedra, Miguel Fernández Lores, rompió ayer un silencio de varios días para calificar como «a peor alternativa posible» la intención de la multinacional portuguesa Sonae (propietaria de Tafisa) de reconvertir su actual fábrica y quedarse donde está, en suelo urbano a orillas del Lérez. Una propuesta que él conoció en el transcurso de una reunión celebrada con varios responsables de la Xunta en Santiago. Según Lores, se valoró positivamente la reconversión porque así: «non ten que ofertar terreos, sáca de enriba o problema social e traspasa o paquete ó Concello de Pontevedra». Tanto Fernández Lores y el edil de Promoción Económica, Lois Veiga, coinciden con fuentes del sector en el escaso futuro que se atisba a la propuesta de Tafisa, una nueva línea de producción de floring que el gobierno local pontevedrés calificó de «especie de taller de laminado sin futuro». El problema no es el producto en sí, considerado muy competitivo, sobre todo en los mercados de Alemania y Estados Unidos, sino porque la idea de trabajar con tableros procedentes de Betanzos y de otras fábricas de la Península, sin una planta específica al lado, encarecerá la producción. Entre los trabajadores esta solución se considera un parche, que sólo tendría sentido si se consigue un dificil acuerdo tripartito.