Elena Ferro Lamela, «zoqueira» de Merza Todo empezó cuando su abuelo, Perfecto Ferro tenía 13 años y aprendió el oficio de «zoqueiro». Tiempo después, la tradición pasó a su hijo Alfonso quien a su vez lo transmitió a su hija Elena. Hoy toda la familia, la madre, Emilia, la hermana, Teresa y la tía, Elvira, trabajan durante la semana junto a Alfonso y Elena en la elaboración de zuecos tradicionales en su taller en Merza, en Vila de Cruces. Los fines de semana el clan se traslada a las distintas ferias y mercados de Galicia para vender -además de cinturones, carteras de varios tamaños y otros productos de cuero-, zuecos de madera con caña de piel.
16 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.A Elena Ferro Lamela lo que más le gusta es el oficio que su padre le enseñó desde pequeña y tiene la idea de poder hacerlo siempre. Ella tiene 26 años y es zoqueira hace nueve. Con cada palabra suya se aprende mucho de lo que a primera vista parece un botín, pero que pronto se descubre como un zueco de madera y cuero, con o sin cordones. -Comparándolo con los nuevos tipos de calzado, ¿cómo defiende al zueco? -Este es más natural para trabajar en el campo. El pie, al estar en madera y cuero, transpira bien. No como en las botas de goma donde el pie suda y está más encerrado. Además, el pie está caliente porque se aisla del frío y no pasa el agua. Porque la principal función del zueco es proteger del agua y del frío. -Parecen un poco duros, no tienen plantillas... -Sí, es que se llevan con calcetines gruesos para que no lastimen. Pero el movimiento al pisar, al caminar, lo haces igual. Lo que pasa es que el pie no se dobla como con un tenis. Antiguamente, a los niños que tenían los pies planos el médico les decía que usaran zuecos ya que tienen la forma del pie. -¿Quiénes compran sus zuecos? -Trabajamos para los agricultores y los grupos de baile, esta es la época en que preparan las actuaciones del verano. También arreglamos los zuecos viejos. Cuando el cuero se pone viejo y la madera se gasta por la humedad, cambiamos la madera y engrasamos el cuero. A veces están muy descuidados. Vendemos todo el año, aunque un poco más en invierno. Si bien este año se vendieron muchos menos zuecos que el año pasado porque casi no llovió y no se humedeció la madera. En verano vendemos algunos pares, porque hay gente que nos ve solo esa vez. Vamos a una feria en el norte de Lugo, y como saben que nos van a ver sólo ahí, entonces aprovechan para comprarse un par, aunque sea de recuerdo. -¿Los zuecos de baile son los mismos que venden a los agricultores? -Sí, son los mismos. A veces se pone el cuero un poco más delgado para que sea más ligero, pero son iguales, son lo mismo para bailar que para trabajar. Pueden llevar puntera o ser sin puntera. Según la zona hay gente que los quiere de una manera y gente que los quiere de otra. En la zona de Lalín por ejemplo los quieren sin puntera, pero en Santiago es al revés. -¿Por qué? -Hay varios modelos. Porque en cada zona se hacen de una manera diferente, en Lalín se hacían de una manera, en Allariz de otra, en Noia o Carballo de otra. Eran sitios de muchos curtidos y donde hay curtidos hay zoqueiros. -¿Cuánto tiempo dura un par de zuecos? -Depende de lo que camines. Si se cuidan, duran muchísimo, porque una vez que se acaba la goma, se cambia y si se gasta la madera se cambia también. Hay gente que trabajando en el campo no los cuida y los gasta muy pronto, en un invierno más o menos. -¿Nota un repunte en el interés por los utensilios artesanales? -Sí, desde hace cerca de diez años que se valora un poco más lo que está hecho a mano. Antes, cuando mi padre hacía los zuecos, daba igual que estuviese hecho a mano o no, ¿a quién le importaba? Aunque dentro de los grupos de baile, es lo último que se compra y a lo que menos importancia se da. Se gasta mucho en los trajes, de gala, de faena y ahí sí, el dinero que haga falta. Se piden subvenciones. Pero los zuecos, siempre «uy, qué caros son». Cuando son lo más barato de todo. -¿Usa zuecos? -Sí, claro. Para mí son cómodos.