José A. Maceira, delegado municipal de Personal, tiene desde ayer una tarea delicada. El alcalde le encargó que supervise al detalle todo lo relativo a las horas extras y permisos que soliciten los funcionarios. En el fondo de las decisiones que se adoptaron -y las previstas a partir del 1 de marzo- se puede encontrar un intento del gobierno local de reducir al máximo el gasto que suponen las horas extras. El propio Campos reconocía ayer que la búsqueda de ese ahorro era uno de los dos motivos de los cambios: «No podemos mantener los gastos de tantas horas extraordinarias, aunque algunas puedan estar justificadas. Hay que buscar reajustes y eficacia que reduzcan esos gastos, pero también queremos con estos cambios que la atención al público en las oficinas del Concello sea la adecuada, y en horarios que permitan acudir a ellas a todos los vecinos del municipio». Campos recordó también que el horario de ocho a tres es el habitual en casi todas las instituciones, incluida la Xunta. En el 2000, el coste para la hacienda local originado por las horas extras de los funcionarios y demás trabajadores superó los 60.000 euros, una cifra que triplicaba la prevista en el presupuesto municipal de ese año para dicho concepto. En el 2001, quizá el desfase de esos gastos, sobre las previsiones, aún fue mayor. Gran parte de esas horas extras se originan en Intervención, por los trabajos de los electricistas y por guardias y servicios varios de la Policía Local, pero el gobierno local cree que hay forma de reducir esos gastos a mayores, y los reajustes horarios es la primera medida.