La caza del zorro arrastra al monte a tenaces cazadores y eficientes perros que no dan tregua al enemigo Es domingo y son las nueve de la mañana. La ciudad duerme su resaca silenciosa y los cazadores inician su jornada. La taberna «do Panadeiro», en Dúas Igrexas (Forcarei), es el punto de encuentro. Un café rápido ayuda a desperezarse. Un perro espera impaciente en la puerta del bar, recordando a la cuadrilla que hay trabajo que hacer. A las nueve y cuarto el grupo de cazadores se echa al monte. Lo alcanza en esa hora en la que el sol desvanece las sombras. Hace buen día y los deportistas han repartido el terreno. Conocen el monte mejor que su propia casa, pero el apoyo de los canes es imprescindible. Ellos huelen al zorro y dirigen la búsqueda.
14 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La cacería empieza en el lugar de O Castro. «O Paso», le llaman otros. Rubén es uno de los cazadores. Es un hombre tranquilo. De pocas palabras, aunque muy atinadas. Sus lazarillos son Navarro y Chispa. Navarro es perro viejo. Ha cumplido los siete años y sabe cómo respiran su amo y su enemigo. Chispa es más joven. Aún se asusta de las zarzas, pero es una «chica» avispada. Promete. En el monte, los perros son como los ojos de los cazadores. Rastrean el terreno y conducen a los deportistas hacia su presa. Cuando perros y amos trabajan en equipo, el zorro está acorralado. No tiene escapatoria. A las diez menos cuarto se oyen los primeros disparos. Algún animal ha sido abatido, pero el acoso continúa. La cuadrilla se desplaza hacia Pontemaril. Cuando los canes «cantan» es que han dado con el rastro del zorro. El animal no se ve, pero se presiente. Está controlado en todo momento. Perros y hombres lo acosan, saben hacia donde va y, cuando lo tiene a tiro, tienden su trampa, casi siempre mortal. Unos tiros podrían marcar el cambio de tercio. Si el animal muere es hora de buscar nueva presa. Si huye, los cazadores saben dónde encontrarle. La jornada no terminará hasta el almuerzo. De la tenacidad y lucidez de los cazadores dependerá el resultado. Las capturas siempre se festejan, pero la camaradería es el mejor premio.