Caras de sueño y expectación en la primera jornada del itinerario de la delegación dezana a Caracas Ojeras y sorpresa, son los signos del primer día del viaje oficial del Concello de Lalín a Venezuela. Por la falta de sueño -la delegación partió a las cuatro de la madrugada del Auditorio-, y por las noticias del país de destino. El presidente, Hugo Chávez, amenaza con decretar el estado de excepción para hacer frente a la manifestación convocada por empresarios y sindicatos contra las nuevas medidas económicas del Gobierno. Por lo demás, tranquilidad, a pesar de las inconveniencias de organizar una expedición de cien personas y muchos bultos. Y es que, además del equipaje convencional, las bodegas del avión se llenaron con los instrumentos de los más de cincuenta componentes de la Banda de Música de Lalín.
30 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.A pesar de las advertencias, los retrasos primaron en la llegada al Auditorio de los componentes de la delegación dezana, especialmente entre los músicos de la Banda. Todo hay que decirlo, la hora de encuentro eran las cuatro de la madrugada y, quien más quien menos, llegó con escasas horas de sueño. Con todo, la llegada al aeropuerto de Lavacolla se hizo con orden y a tiempo. Tras el dificultoso embarque de los instrumentos de la Banda de Música de Lalín, los componentes de la expedición aprovecharon para tomar un café y un tentempié en la cafetería del aeropuerto. El objetivo: guardar el sueño para el viaje en avión hasta Caracas y aprovechar las nueve horas del trayecto para echar una cabezadita y hacer así más llevadero el viaje. El embarque se hizo con tiempo y el avión de Air Europa despegó de Lavacolla a las ocho de la mañana. Bautismo en el aire Para muchos de los componentes de la Banda de Música de Lalín era su primer vuelo en avión. Una circunstancia que le dio al viaje un tono especial. Sonaron unos nerviosos aplausos para el comandante en premio al suave despegue y algún que otro «uuuuhhhhh» cuando el avión hizo alguna maniobra de viraje. Para desayunar: café o té y galletas. El último bocado casi coincidió con la maniobra de aterrizaje en Madrid-Barajas, y es que a 850 kilómetros por hora de media el trayecto a penas duró cincuenta minutos. En la capital de España, el grupo se enfrentó a casi cuatro largas horas de espera en el aeropuerto antes de poder coger el avión a Caracas. La delegación lalinense aprovechó el tiempo para sentarse en las cafeterías de Barajas, comer algún que otro bocadillo y berber cervezas y refrescos. Entre los temas de conversación, el que se llevó la palma fue la delicadísima situación social, económica y política por la que está atravesando Venezuela. Problemas en Caracas Las noticias que ofrecían los periódicos no eran precisamente alentadoras. En uno de ellos, la noticia venía acompañada de una foto de Hugo Chávez, presidente del país sudamericano, fusil en mano amenazando con ordenar el estado de excepción para hacer frente a la macromanifestación convocada por los empresarios y los sindicatos en contra de las últimas medidas económicas -tachadas de estatalistas e intervencionistas- que ha emprendido Chávez. Tras la salida de Barajas, la delegación partió rumbo a Venezuela. La llegada al aeropuerto de Maiquetía (Caracas) estaba prevista para las 17.30 hora local -sobre las 22.30 horas de España-, tras horas de largo viaje transoceánico.