El museo de Lalín muestra desde ayer treinta cuadros que reflejan las distintas épocas creativas del artista
14 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Laxeiro tuvo en su maestra Doña Teresa su primera admiradora. Mujer siempre recordada por él con cariño y gratitud, lo animó a pintar y le regaló lápices y papel. En 1925, tras regresar de Cuba, comienza a trabajar como barbero y se convierte en el barbero pintor. Cuadros como Angelito «dan buena cuenta del enorme talento que Laxeiro posee para captar la complejidad psicológica del rostro humano», explica el director de la Fundación Laxeiro, Javier Buján. Su primera exposición individual la realiza en 1934 en la Facultad de Filosofía y Letras de Santiago. De esa época es la obra Mascarón o el Carrotón de Nenos con «texturas opacas y sólidas, colores terrosos y rostros esculpidos a espátula». A miña filla o Luisa deja constancia de su incesante labor dibujística. Son magníficos retratos hechos a carbón. Sin embargo, el momento culminante de la década de los años 40 está en la pieza titulada Trasmundo. El crítico de arte Antón Castro dijo que este cuadro «podría ser toda la historia de la pintura, toda la historia de Laxeiro o toda la historia de la Galicia mítica».