La red mafiosa desarticulada por la Guardia Civil empleaba sofisticados métodos para transportar la droga Los tiempos están cambiando que es una barbaridad. Y para todo. Hasta para el tráfico de drogas. La red mafiosa desarticulada por la Guardia Civil en Pontevedra empleaba métodos muy sofisticados para el transporte del hachís que nada tienen que ver con los tiempos en los que se hizo popular la frase «bajarse al moro». En el siglo XXI los traficantes utilizan, además de toda la tecnología que cae en sus manos, medidas de contravigilancia con otros turismos que alertan a los transportes de droga si hay controles policiales.
29 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El modus operandi de la red presuntamente dedicada al tráfico de drogas que ha desarticulado la Guardia Civil de Pontevedra se parece más a un capítulo de Corrupción en Miami que a la divertida Bajarse al moro de Verónica Forqué y Antonio Banderas. Y es que si en la película española los protagonistas organizaban un viaje al sur con el único plan de llenarse los bolsillos de hachís y cruzar los dedos para pasar desapercibidos ante la Guardia Civil, los cuatro detenidos de A Estrada, Poio, Ribeira y Pontevedra contaban con coches de gran cilindrada, teléfonos móviles, balanzas de precisión, contadoras automáticas de billetes y empleaban técnicas de contravigilancia. El sistema utilizado pasaba por ocultar el hachís en un doble fondo hecho en la furgoneta que hacía las veces de transporte. Para evitar desagradables encuentros con las fuerzas del orden, otro turismo circulaba entre 10 y 15 kilómetros por delante a modo de coche piloto. En este caso se trataba de un Mercedes Benz de gran cilindrada que estaba conducido por José Luis Sánchez Rey, residente en A Estrada y que regenta el restaurante Bellavista. Un inmueble que tiene alquilado a otro vecino. Cuatro vehículos y móviles Los otros dos detenidos en la operación dirigida por el Grupo de Investigación Fiscal y Antidroga (GIFA) de la Guardia Civil viajaban en otros coches. Así las cosas, el operativo presuntamente montado por esta red mafiosa constaba de una furgoneta y tres turismos. Entre ellos se comunicaban con teléfonos móviles -se intervinieron siete- con el objeto de tomar medidas de seguridad para no ser descubiertos durante el trayecto. En este caso, todas las precauciones fueron insuficientes, ya que la el GIFA de la Guardia Civil llevaba meses siguiendo la pista a la organización con la que se relaciona al estradense detenido el pasado domingo. Ese día, los agentes esperaron a que la furgoneta y el Mercedes Benz entrasen en la provincia de Pontevedra para detenerlos e inspeccionar los vehículos. Poco tardaron en encontrar el escondite de la droga. En su interior había doscientos kilos de hachís y mil dosis de cocaína -un kilo-.