BUZÓN DO LECTOR
20 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La publicación del libro «Nós coma vós» ha sido un gran éxito tanto en su continente como por su contenido, así como por la venta del mismo. Este comentario tiene que ver con el mundo de las letras y los grandes protagonistas de esa noche, que fueron los escritores; y viene a cuento de pequeñas cosas que me quedaron en el tintero, por no ser el momento de decirlas. Por una parte, tiene que ver, con la crisis de lectores que se viene padeciendo y que uno de los indicadores o síntomas más alarmantes de lo que afirmo anteriormente, son las campañas de promoción de la lectura que desde hace algún tiempo se vienen prodigando mucho; naturalmente este es un signo muy preclaro de que algo no va bien, vamos que va fatal. Devoradores de libros En mi adolescencia-juventud, se presumía y hacíamos profesión de auténticos devoradores de libros, todo lo que nos caía en la mano era leído con voracidad, con auténticas ansias de leerlo rápidamente. Se leía todo, sin preocuparnos ni de la hora de la noche que fuera, ni las conjuntivitis, ni aquella luz mortecina que poco mas valía que para proyectar una grandes sombras y medios nocturnos, sin hablar de los apagones que proliferaban por doquier. Había una premisa fundamental, que tenías que ser muy rápido leyendo y que todo eso era codificado para después ser discutido en las pequeñas universidades populares, que eran las tabernas y cafés de aquella época al uso. Lo que voy a decir ahora que no se vea con pedantería, por favor, si no que es para dar una muestra del galimatías en que andabas metido. Pasabas de Tolstoi a Erasmo de Rotterdam, de Jorge Amado a F. Dostoievski. Ahora F. Nietzche después Alejo Carpentier o Pablo Neruda, el querido Virgilio, Homero, Víctor Hugo, Albert Camus, Giacomo Leopardi, Marx, Cesare Pavese, o la lista interminable de buenísimos escritores sudamericanos, los Roa Bastos, Vargas LLosa, Rómulo Gallegos, etc...Te atrevías con todo y contra todo en las discusiones y debates posteriores, siempre tan enconados, saltaban chispas, y otras cosas. Personalmente había algo que me molestaba mucho y era que cuando te parecía que ibas empapado de un escritor determinado, siempre había álguien (naturalmente o que era mayor o que sabía más que tú) dispuesto a chafarte aquella aureola de triunfo o la media sonrisa que llevabas que mas bien era de provocación, insultante y ese álguien dejaba caer como quien no quiere la cosa algún escritor nuevo dándote a entender, venga chaval que no te enteras... En esa época había una frase que todos utilizábamos alguna vez, y que gracias a no hacerle ni puñetero caso, pudimos leer todos lo que quisimos, pues en aquellos tiempos y a esas edades la economía no te permitía como ahora la compra de libros: sin embargo si no realizas aquel protocolo, como la frase del cuento de Alí Babá: «No quedabas tranquilo...te lo dejo, pero con la condición de que me lo devuelvas ...si no ya sabes...no te lo dejo nunca más». Altas horas de la madrugada Era curioso, estabas con aquel amigo hasta altas horas de la noche, esperando ansioso ver aquellos tesoros que eran los libros. Llegabas por fin y casi no te dabas contenido de ojearlos todos, cogerlos, tocarlos,...A todo esto, sorpresa, vislumbras aquel libro que con su lomo viejo por el uso y no por el tiempo te llamaba la atención, el corazón te palpitaba fuertemente y al acercarte, zas, confirmabas la impresión que desde el primer momento habías percibido, allí depositado estaba aquel libro que dabas por perdido como un ser querido para siempre. Naturalmente, a ese amigo se le venía el mundo encima, pues él, que profesaba de recto, virginal e insobornable...que era como todos nosotros, en fin. Javier Brandido Taboada. Presidente de Aspadeza.