XURXO MELCHOR CRÓNICA Las obras sólo pararon de dos a cinco de la mañana
22 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.on las diez de la noche del jueves y la caída de la tarde ha traído el habitual sosiego y tranquilidad a las tierras del Deza. ¿A todas? No. En Lalín se vive con una actividad inusual. Casi cuarenta operarios trabajan simultáneamente en las calles Pintor Laxeiro, Luis González Taboada y en la Avenida de Bos Aires. El vaivén es mayor en estas dos últimas, ya que son las que más retrasadas van y el tiempo apremia. Quedan menos de 48 horas para la inauguración, que tendrá lugar esta misma noche con la presencia del conselleiro de Política Territorial, Xosé Cuiña Crespo. Pasan las horas y las calles se vacían. A las doce ya casi sólo quedan obreros. Los más tardones cenan en sus casas y ven la tele. La programación no acompaña: TVE-1 proyecta la película española ¡Se armó el Belén!, la 2 el programa Días de Cine, Tele 5 gana una noche más la partida con su Crónicas Marcianas lleno de grandes y pequeños -casi minúsculos- hermanos. Antena 3 cierra la oferta de la televisión gratuita con Jag. Los gritos de Boris Izaguirre amortiguan las idas y venidas de taladradoras y pulidoras, que siguen trabajando sin descanso en las calles González Taboada y en Bos Aires. El sueño se apodera poco a poco de unos y otros y los dormitorios se llenan al tiempo que un aparente silencio se apodera de todo y de todos. De pronto, una taladradora irrumpe en la noche de los vecinos cuyos domicilios dan a las calles en las que un ejército de obreros sigue frenéticamente con su faena. La confusión da paso a un sonido cada vez más claro y definido. Sí, son las máquinas que siguen a lo suyo. «Pero si es la una de la mañana», le dice un desconsolado vecino de Luis González Taboada a su mujer. Aún sin creérselo del todo, se levanta de un brinco y sube la persiana. Por la ventana puede comprobar con claridad que sus temores son ciertos. En la Avenida de Bos Aires pasa tres cuartos de lo mismo. Al machacón soniquete de las máquinas se le suma el de los operarios que hablan entre sí. «¡Manolo, que esto está mal!» dice uno, «trae o ferro para acá», le contestan entre las sombras. El insomnio acompaña a los vecinos hasta las dos de la mañana, cuando los obreros abandonan exhaustos el campo de batalla. La tranquilidad llega por fin para todos, pero dura poco. Sobre las cinco y media de la madrugada, un nuevo turno recoge el testigo, agarra las máquinas y las herramientas y sigue con la faena. El ruido revela a los vecinos que ya no habrá forma de seguir durmiendo. Sólo aquellos con el sueño a prueba de bombas siguieron en la cama hasta que sonó el despertador. Para el resto el gallo cantó en forma de pulidora. A la mañana siguiente, las caras de algunos vecinos de Luis González Taboada y la Avenida de Bos Aires evidencian que para ellos amaneció varias horas antes de lo previsto. Sin embargo, las quejas son escasas. La comprensión e incluso la ilusión por ver el trabajo terminado es la tónica. «Durmir onte durmimos pouco, pero a verdade é que merece a pena. As rúas están quedando moi ben», señalaba una señora a la que la satisfacción no había conseguido borrar las ojeras. De lo que no hay duda es que Lalín vivirá esta noche el principio de su nuevo principio. Las obras del centro marcan y representan el camino sin retorno que la capital de Deza ha iniciado para convertirse en una ciudad pequeña que será referente de progreso para todo el interior de Galicia.