Los tics transitorios afectan a un diez por ciento de los niños a partir de los 6 años

AMELIA FERREIROA LALÍN

DEZA

RAMÓN LEIRO

La ansiedad provoca un aumento de estas manifestaciones semivoluntarias y difíciles de controlar Un tic nervioso es un movimiento muscular compulsivo y persistente, sin origen orgánico ni doloroso, que puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo. El más común es el «desorden de tic transitorio», que puede afectar hasta un 10 por ciento de los niños en los primeros años de escuela. Algunos tics no se van nunca y, a los que duran más de un año, se les denomina crónicos. Existen diferentes tipos de tics tales como movimiento compulsivo del hombro, de la cabeza, los temblores de las manos o el parpadeo.

24 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El tic aparece, sobre todo, cuando se está nervioso o en un momento de estrés, en una reunión de trabajo, en clase o cuando se habla con desconocidos. Situaciones corrientes para el parpadeo son la lectura y mirar la televisión. Los tics transitorios o simples suelen empezar alrededor de los seis años y mejoran espontáneamente en la mayoría de los niños. Su tratamiento exige, ante todo, una actitud tranquila por parte de la familia. Los tics son manifestaciones semivoluntarias y difícilmente controlables, pero que suelen aumentar en momentos de ansiedad. Si el niño se ve vigilado o menospreciado a causa de su problema, le aumentará su ansiedad y también los tics. Problemas de concentración Los tics crónicos afectan a menos de un uno por ciento de los chavales y pueden estar relacionados con un problema especial y poco frecuente llamado el Desorden de Tourette. Éstos son tics corporales y vocales que desaparecen, algunos, después de la adolescencia y otros continúan provocando problemas de concentración. Algunas personas aquejadas del Desorden de Tourette sueltan malas palabras, insultan a otros o hacen gestos y movimientos obscenos. A ellos se les hace imposible controlar estos sonidos y movimientos y no se les debe echar la culpa por su conducta. Los músculos que participan en el tic suelen haberse desarrollado en exceso por la frecuencia de uso, mientras que los que se oponen a ese movimiento son más débiles. Por tanto, el modo de comportamiento consistirá en reforzar estos músculos contrarios para superar paulatinamente el problema.