FASE DE ASCENSOEl Siero aprovechó dos regalos del Lalín y un penalti inexistente para sumar su primera victoria Siero y Lalín ofrecieron el domingo un espectáculo de ilusionismo, más que un partido de fútbol. Ni el mismísimo David Coperfield sería capaz de igualarlo. El encuentro se saldó con un abultado marcador (3-2) favorable a los intereses asturianos. Lo curioso del caso es que solamente uno de los cinco goles fue consecuencia de la elaboración futbolística. El resto se generó a partir de clamorosos fallos defensivos, rebotes y hasta un penalti fantasma. Y para alimentar todavía más lo absurdo, Mella marró un penalti cuando su equipo perdía por 2 a 1. El ferrolano realizó un tiro grosero, con paradiña incluida, que se alojó en el regazo del portero. Los aficionados de la Pola abandonaron el campo incrédulos.
22 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El Lalín se encontró en Pola de Siero con un escenario ideal para la práctica del fútbol. El tapete del Luis Miranda invitaba al espectáculo. Pero ni asuturianos ni gallegos repararon en un detalle tan superficial. La escuadra rojinegra comenzó el partido con un ordenado posicionamiento. El dispositivo trenzado por Acevedo maniató completamente al cuadro astur, desnudando todas sus carencias. Por un parte, Míchel y Alfredo evitaron las conexiones de los centrocampistas con la delantera. Y por otra, Otero secó al habilidoso Miguel en la banda izquierda (con la inestimable colaboración de Enrique) por donde reiteró su juego el Siero. Pero la inesperada lesión de Míchel resultó un contratiempo insalvable para la escuadra rojinegra. Antes de abandonar el terreno de juego, el Lalín había aprovechado un rechace del portero (que titubeó ante el potente disparo de Jandro, en el lanzamiento de una libre directo) para adelantarse en el marcador. La vacante de Míchel la suplió Acevedo con el canterano Manu. Con lo cual, la media de altura en la medular lalinense perdió centímetros. Y eso lo leyó perfectamente el técnico del Siero. A partir de ese instante, los centrocampistas locales ganaron casi todos los balones en la zona ancha, y comenzaron a surtir a las bandas y a conectar peligrosamente con Rubio y Velázquez. El Lalín, mientras tanto, limitaba su cometido a defender ordenadamente buscando la velocidad de Antonio o Jandro. Entretanto, Jorge Martínez marcaba a los dos centrales del Siero. Era lo único que podía hacer, ante la escasez de balones que le llegaban y debido a las pésimas condiciones en las que podía recibir (de espaldas, y con el aliento de los dos centrales en el cogote). Aún así, ni Sieiro ni Lalín lograban fabricar una ocasión de gol. De ahí que el partido quedase a merced de los errores y de los regalos.El entrenador dezano buscó la reacción con la entrada del delantero asturiano Edu (el último verdugo del Siero) y de Nando. Pero para entonces, el Siero ya controlaba el partido sin agobios, simplificando al máximo su juego. Esto es, desplazamiento desde la defensa buscando a cualquiera de los carrileros o al veterano Velázquez, que con 36 años desequilibró el partido y provocó incertidumbre en la poblada defensa rojinegra.