«En esta vida todo va a más», frase confirmada con los años que sigue en pie, según demuestran los hechos. Los tiempos corren más de lo que uno cree cuando le da marcha atrás al resorte de la memoria, obligándole a rebobinar escenas vividas que dejaron huella que no borró el paso del tiempo aunque se repita todo, o casi todo lo vivido. Este extraño tema me lo sacó ayer a relucir un veterano coruñés, exdirectivo del Casino Sporting, a quien le dura la emoción por "el último ascenso del Deportivo", y aclaró que él no olvida los anteriores: «Pero ninguno como el de esta ocasión?», repetía una y otra vez. Insistió que nunca había visto tantos hombres, mujeres y niños celebrando un ascenso del Deportivo. Es posible. Nadie los contó, ni ahora ni tampoco en aquel primer ascenso de 1941. Y aquí salió a relucir lo del «café y coñac, gratis...», nota comentada ayer por algunos deportivistas a los que aclaré que el hecho había tenido lugar en el Café Rosalía, en Riego de Agua. Tan pronto como terminó la transmisión radiada del Murcia-Deportivo (1-2, con prórroga para deshacer el 1-1 de los 90 minutos) allí estalló una alegría fácil de entender y entonces un cliente dijo emocionado a Ramiro Bravo, dueño del café: «¡Qué sirvan café y copa a todo el que quiera. Pago yo?!»
De inmediato se vaciaron varias botellas de coñac y alguna de anís, al tiempo de poner a toda presión la cafetera de gas, como eran entonces casi todas las que hacían café exprés. La cuenta, que el entusiasta deportivista pagó en el acto, ascendió a 600 pesetas. Dejó 15 de propina para los dos camareros, al tiempo se escuchaba en el local el sonoro y jubiloso grito de ¡aúpa Deportivo!, refrendado con una prolongada ovación de los allí presentes.
Mañana: «Notas del primer ascenso».