Cuando me invitaron a formar parte de la junta directiva del Fabril, en la década de los años cincuenta, un amigo me regaló una antigua fotografía de aquel equipo, reconocido como el segundo de Galicia detrás del Deportivo. En la mencionada foto fabrilista se leía: «Año 1913. Campo de la Estación». Se refería a la desaparecida estación ferroviaria de la ciudad de La Coruña, situada en los terrenos que ahora ocupan la estación de autobuses y El Corte Inglés. Allí, en un taller de maderas donde se fabricaban cajas para el transporte del pescado, nació en 1913 el Fabril Sociedad Deportiva, tal y como se leía en el marco de aquella mencionada vieja fotografía que me regaló un empleado de la Fábrica del Gas, cuyo padre también aparecía dentro del grupo de jugadores que habían trabajado en el fabriquín, según le llamaban entonces.
El Fabril, además de un equipo histórico, tuvo su importancia en el fútbol gallego hasta que en los albores de los noventa, Lendoiro lo incorporó al Real Club Deportivo de La Coruña, alegando entonces que los clubes filiales no podían tener vida independiente del primer equipo. Recuerdo aquella reunión, en el despacho del entonces nuevo presidente deportivista y, allí mismo, terminamos firmando la cesión de poderes como directivos del Fabril. Entre otros, el acta de cesión fue firmada por Antonio Meijide Pardo, Luis Ripoll, Fernando y Rafael Vidal Agra, Andrés García Yáñez, yo mismo, y puede que algún otro.
Del Fabril habría mucho que resaltar. En sus filas contó con futbolistas excelentes como fueron Carlos Torres, Arsenio y Luis Suárez quien (en contra de lo que se dice siempre) nunca fue jugador del Deportivo Juvenil y sí del Fabril. En cuanto a los grandes entrenadores que pasaron por su banquillo tenemos a Waldo Botana, Neira, Eduardo Toba o Chacho. Todos ellos de reconocido prestigio para terminar de formar a jóvenes futbolistas que se iniciaban con la ilusión de llegar a titulares del Deportivo.