Las palabras de Lendoiro sobre su salida demuestran hasta que punto se cree el dueño del Deportivo. Abre la puerta a su marcha, pero, eso sí, cuando a él le de la gana.
En ningún momento se plantea la posibilidad de que su atrincheramiento en la poltrona perjudique a la entidad. Solo se irá si él quiere, no si es necesario para la supervivencia del club. Cuantos más miramientos han tenido con él el juez, los administradores y los acreedores, más fuerte se ha sentido y más palos en las ruedas ha puesto. Que nadie lo dude, Lendoiro solo se irá si alguien lo echa. Llegado el momento, podrán venderlo como quieran, pero saldrá porque lo empujan. Y si no lo apartan, se cerrará en la plaza de Pontevedra y tirará las llaves. Y eso sería un desastre para el Deportivo.