La afición, otra vez de doce

Xurxo Fernández Fernández
Xurxo Fernández VALLADOLID / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

Fran Balado

Nueva exhibición de la hinchada, que tomó Zorrilla y no cesó de animar ni tras la derrota

12 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La autovía que une Madrid con Arteixo se vistió ayer de blanquiazul. Miles de aficionados deportivistas se desplazaron a Valladolid, en buses y coches particulares, para acompañar a un conjunto que ha vuelto a sintonizar con su hinchada y lo ha hecho a lo grande. Animados por la buena racha de resultados y la posibilidad de ver a su equipo escapar de nuevo del descenso, reverdeciendo el milagro, los coruñeses protagonizaron un éxodo masivo hacia la capital castellana. Tomaron la A6, las áreas de servicio, y distintos rincones de la ciudad donde el Dépor se jugaba tres puntos de oro.

La mayor parte de los aficionados se concentraron en una explanada cercana al estadio para calentar gargantas desde antes de la hora de comer y poner a prueba la coreografía que después atronaría en Zorrilla. Esta circunstancia provocó que la hinchada local fuera mayoría en el momento de recibir a los dos equipos. Los seguidores visitantes todavía tardarían media hora más en llegar en masa al recinto del partido y cuando Valladolid y Dépor accedieron al mismo predominaron los gritos de ánimo a los pucelanos.

Cánticos

Los blanquiazules no tardarían en resarcirse y a falta de una hora para el inicio del duelo ya podían escucharse bien alto «el día que me muera», los cánticos a Maruxiña y las chanzas contra el eterno rival celeste. Para cuando el grupo de Fernando Vázquez saltó al campo el «sí se puede» sonaba por toda la grada, acompañado del anuncio de que «el Dépor es de Primera». Los coruñeses ya no volvieron a ceder terreno frente a la afición de casa y el anuncio de la alineación visitante fue aplaudido por los más de cuatro mil deportivistas repartidos por todo Zorrilla.

La sorprendente dispersión no mermó el entusiasmo y, conscientes de que el campo estaba tomado, empezó a sonar el «que bote Riazor». Los cánticos no cesaron ni con el gol de Javi Guerra. Si acaso, la hinchada redobló su esfuerzo para intentar guiar a los suyos a una remontada que nunca llegó. Ni siquiera eso importó y los seguidores coruñeses devolvieron tras el partido los aplausos con los que el equipo reconoció el fenomenal esfuerzo de su gente.