Más de 3.000 aficionados recibieron al Dépor en un estadio que se llenó
07 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El Dépor tiene una afición que no le cabe en el pecho. El corazón blanquiazul calentó los motores de un partido trascendental que los coruñeses comenzaron a ganar hora y media antes de que el árbitro pitase el inicio. Tras el llamamiento de la Federación de Peñas, más de 3.000 aficionados, muchos jóvenes y hasta un buen puñado de niños, abrazaron la llegada de su equipo al estadio.
La hinchada, en una curva que abarcó todo el frente del estadio en la calle Manuel Murguía donde se sitúa la puerta 0 por la que entraron los futbolistas, desplegó sus mejores armas. El repetido «sí, se puede» salió de las gargantas, pero también se leía en pancartas, carteles y hasta bufandas. Es el mantra que repite una hinchada incomparable y que los jugadores plasman con sus victorias. No faltaron algunas bengalas y hasta ese cosquilleo de estar asistiendo a un momento histórico, a los instantes previos a que el equipo coruñés culmine una remontada histórica.
Un beso
La concentración y la distancia que Fernando Vázquez había pedido durante la semana marcaron la entrada de los deportivistas en Riazor. Algún tímido saludo, varias sonrisas y todos con la mirada fija en el césped. Tampoco hubo muchas bromas a la llegada del autobús del Zaragoza. Pero sí un beso, el que fugazmente mandó el entrenador Manolo Jiménez a la hinchada nada más poner el pie en el asfalto.
Las dos aficiones se habían enviado mensajes poco cariñosos instantes antes, durante la espera deportivista en la calle. La masiva venta de entradas en el estadio, con bufandas blanquiazules en la habitual grada visitante, trasladó a un grupo de medio centenar de aficionados del Zaragoza a la esquina de tribuna baja con pabellón, justo sobre el lugar donde se arremolinaba la hinchada que nunca se rinde para recibir a sus ídolos. Hubo intercambio de lemas, un botellín lanzado desde la calle y poco más, pero el incidente sirvió para caldear los ánimos en contra de un Zaragoza que también se jugaba mucho ayer.
El partido no defraudó. Con el delegado del Gobierno en Galicia, Samuel Juárez, en el palco, las gradas presentaron el mejor aspecto de la temporada y el manto blanquiazul abrigó a un Dépor al que nunca le faltó viento a favor en las velas. El «sí, se puede» se oyó después de cada gol coruñés y la alegría en la grada contagió a un Dépor que ha pasado de muerto a resucitado, de lamentarse de su mala suerte a ganarse por méritos propios el abrazo de la fortuna. El «sí, se puede» se hizo carne en Riazor.