Augusta dicta sus normas, y premia de forma muy clara a los jugadores con experiencia y recursos para jugarlo. Para encararlo con el equilibrio justo entre la valentía y la prudencia en cada parte del campo, y que exige ahora una buena distancia en los golpes de salida, el dominio de los segundos golpes y el tino con el putt cuando los greenes se ponen duros como piedras, como se espera. Exige ser completo, pero no solo eso.
Así que podemos contar con los grandes nombres. Empezando por Rory McIlroy, el defensor del título. Le va de maravilla el campo, para el que tiene todos los recursos, aunque haya tenido patinazos también en Augusta hasta conseguir el Másters.
Scheffler, en cambio, no está tan fino como hace unas semanas. Tampoco era normal el tremendo rendimiento que venía ofreciendo torneo tras torneo. Después de Tiger Woods, no había visto semejante dominio, regularidad y superioridad durante tanto tiempo como consiguió él. Resultó sorprendente, porque tiene un swing muy complicado, un movimiento que, cuando se desajusta o falta algo de confianza, quizá se note más, como ahora.
Imposible descartar a DeChambeau y su enorme pegada en este campo que algún día le premiará aún más. Entre los nuestros Jon Rahm vuelve a llegar en un momento bueno de forma, a diferencia, quizá, de lo que ocurrió en alguno de los últimos grand slams. Puede estar en la pelea del fin de semana. Lowry, Hatton, MacIntyre y, sobre todo Reed, un jugador muy de Augusta, donde ya celebró un título.