Xabi Alonso, tocado antes de la visita en la Champions del Manchester City de Guardiola
DEPORTES
La derrota ante el Celta vuelve a situar en el ojo del huracán al técnico vasco, que afronta un plebiscito crucial de imprevisibles consecuencias
08 dic 2025 . Actualizado a las 18:03 h.Todavía no llegó el parón navideño, pero en el Real Madrid ya cunde el nerviosismo. Así se las gasta el club de Chamartín, donde la exigencia está por encima de casi cualquier nombre. Solo dos victorias en los siete últimos partidos sitúan a Xabi Alonso, que había tomado aire con el triunfo ante el Athletic en San Mamés, otra vez en el ojo del huracán.
La derrota contra el Celta en el primer partido en el Santiago Bernabéu en más de un mes desató los pitos en el coliseo blanco, un mal presagio para cualquier ocupante del banquillo local, sobre todo en la antesala de la visita del Manchester City de Guardiola. El duelo de Champions se convierte en un plebiscito a pesar de la desahogada situación del equipo en la máxima competición continental, donde ocupa una de las ocho primeras plazas, que dan acceso directo a octavos de final, tras cuatro victorias y una derrota en cinco jornadas.
No es que el Real Madrid se juegue su futuro en la Liga de Campeones, su competición fetiche, ni mucho menos, pero de las sensaciones que se extraigan del enésimo envite en las últimas temporadas contra el cuadro sky blue depende en buena medida la confianza en un proyecto en el que algo se torció justo después del triunfo en el clásico del Bernabéu.
Antes de doblegar al Barça en Chamartín, el cuadro de Xabi Alonso ganó trece de sus primeros catorce encuentros esta temporada, con el solitario pero contundente lunar de la goleada del Atlético en el derbi del Metropolitano (5-2), eso sí. Desde aquella victoria ante el máximo rival, que parecía bendecir la nueva, tres duelos ganados a un flojo Valencia en el Bernabéu, a Olympiakós en El Pireo y al Athletic en La Catedral, tres empates ligueros a domicilio contra los asequibles Rayo Vallecano, Elche y Girona, y dos tropiezos frente al Liverpool, en Anfield, con un 1-0 corto a tenor del dominio red pese a una campaña nefasta para el conjunto inglés, y ante al Celta en casa.
En Liga son tan solo seis de los últimos quince puntos en juego, balance pobre que ha permitido al Barcelona convertir una desventaja de cinco puntos en una renta de cuatro gracias al pleno desde que salió herido del feudo adversario. Son registros difíciles de resistir para cualquier entrenador del Real Madrid, un equipo apegado a la victoria, a los que tampoco acompañan las sensaciones.
Justo después de amagar con la reacción en San Mamés, en un partido en el que el conjunto de Xabi Alonso dio un paso al frente aupado en gran medida por la capacidad goleadora de Mbappé y las paradas de Courtois, el cuadro madridista retrocedió con estrépito y regresó a la casilla de salida. Fue un partido en el que sesteó durante una hora larga, perezoso en la presión y en las tareas defensivas, y despertó muy tarde, ya por detrás en el marcador y con uno menos, antes de un final desquiciado que evidenció el manojo de nervios en el que se ha convertido el grupo, consciente de la presión que lo rodea.
Gabinete de crisis
El serio revés ante el Celta ha activado ya el gabinete de crisis en la zona noble del club, que observa con recelo el llamativo paso atrás futbolístico del plantel en las últimas semanas. Los interesantes detalles tácticos del Mundial de Clubes, experiencia inaugural de Xabi Alonso como entrenador madridista, y un buen inicio de campaña en cuanto a resultados se han evaporado en mitad de las evidentes tensiones entre varios jugadores y el técnico, que incluso renunció a algunos de sus métodos para intentar un acercamiento a la plantilla que trató de escenificarse en Atenas, primero, y en Bilbao, luego.
A tenor de los hechos sobre el césped, no convenció al equipo para aplicarse seriamente en conceptos como la presión, muy deficiente frente al Celta, que gozó de todo tipo de facilidades para explotar su buen trato de balón con una salida limpia en el Bernabéu. Esta actitud de los jugadores, que tienen tanta o más responsabilidad que el entrenador en la racha de malos resultados, abre una caja de Pandora que tiende a llevarse por delante en primer lugar a los ocupantes del banquillo.
Así las cosas, el duelo ante el Manchester City se convierte en un plebiscito de consecuencias imprevisibles. Xabi Alonso recibirá a Guardiola, el que fuera su entrenador durante tres campañas en el Bayern de Múnich, obligado a sacar una buena versión de su equipo para apuntalar su posición en el banquillo del Real Madrid y alejar del entorno el runrún de relevo, con nombres como Arbeloa, Zidane e incluso Klopp sobre la mesa.