El tan anticipado aterrizaje de la NFL en España fue, tal como se esperaba, un éxito absoluto. Y es que, a la hora de preparar un espectáculo de élite, nadie lo hace como los estadounidenses. Si bien los equipos en liza, ambos históricos —cinco Super Bowls ganadas entre los dos—, no eran los más llamativos por sus dinámicas actuales, a todo lo que rodeaba al desembarco de la competición en España le sobraba el atractivo.
Más allá de lo que pasó sobre el césped del Bernabéu, la llegada de la NFL a España refrendó lo que la competición ya había confirmado con sus experiencias europeas en escenarios como Wembley, el Olímpico de Berlín y el Croke Park de Dublín; cuando la liga propone, el aficionado siempre responde. Lo hizo, primero, llenando las gradas del estadio blanco en un abrir y cerrar de ojos y, por consiguiente, inundando la ciudad de color y camisetas de equipos de la NFL.
Porque aunque el encuentro enfrentase a Commanders y Dolphins, el evento fue una excusa para disfrutar en directo de un deporte que, a ese nivel, muy pocos habrían podido ver de cerca, y, sobre todo, de encontrarse con iguales. Más allá de las zonas de aficionados de ambos conjuntos, por las que se pasaron algunas figuras del deporte —y fervientes aficionados del fútbol americano— como el atlético Antoine Griezmann, camisetas de los legendarios Patriots, de los Seahawks, de los Chiefs y de los ahora reinantes Eagles se entremezclaron en armonía.
La expectativa, a nivel económico, era acercarse a los 70 millones de euros de impacto total. Como referencia, Múnich logró una cifra similar en el 2022, y Fráncfort, unos 110. A las ganancias por los aficionados desplazados, que la organización cifraba en 20.000 personas, se suman las ventas de la tienda oficial que ocupó el espacio de la del Real Madrid. En cualquier caso, una mina de oro. Vendrán más como este, seguro.