Gol olímpico

DEPORTES

KIYOSHI OTA

07 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

A  Agustín Rodríguez, portero de Marín, criado en Vigo y conocido por ocupar la meta del Real Madrid, le hizo ilusión ser olímpico en 1980, pero ni de lejos la que le causó jugar la final de la Copa de Europa unos meses después. Lo mismo Buyo, guardameta de Betanzos, ganador de 12 títulos con el equipo blanco y subcampeón de Europa con la selección. Entre los dos gallegos se repartieron la portería española en los Juegos de Moscú, pero ni uno ni otro podrían comparar esos días con los vividos en el club que los hizo grandes.

Cada vez que se celebran unos Juegos surge el debate sobre la presencia del fútbol, sobre todo del masculino, en el programa. Un deporte que en cualquier época del año copa portadas y audiencias —como se está comprobando con Messi—, sin la necesidad de una plataforma como esta, a la que por normativa ni siquiera se presentan los mejores. Algo impensable para casi todo el resto de disciplinas, cuyos protagonistas buscan su mejor pico de forma cada cuatro años y todos cuantos pueden desean estar.

No es fácil la discusión sobre el sí o no al fútbol, tan universal y a la vez tan acaparador del foco en un lugar donde nada del resto debe quedar ensombrecido. Los habrá que digan que sí, como el ferrolano Juan Fernández, que recuerda su gol de la victoria a Brasil, en México 1968, como lo más grande de su carrera. También lo afirmarán Diego Mariño e Iván Villar, sucesores gallegos de Agustín y Buyo bajo los tres palos olímpicos, que aun sin haber disputado un minuto se sienten afortunados de haber vivido algo así. Pero muchos dirán que no, porque, egoístamente, no es momento en unos Juegos de hablar de fútbol, que ya bastante tenemos el resto del año, o de escuchar opiniones estúpidas, como en su día la de que Sergio Ramos tenía que ser el abanderado.