Cholo Simeone de mi vida

DEPORTES

JUAN MEDINA

El carisma se tiene, o únicamente queda aplaudirlo o abominarlo. Hay futbolistas y entrenadores acodados durante naufragios y huracanes a esta barra de bar que es la Liga española, pero nada más que menudean un puñado de cacahuetes. No es el caso de Simeone, tan dispuesto a beberse el agua de los floreros, que parece increíble cómo hasta ayer no levantó su segunda Liga desde el banquillo del Atlético de Madrid. De corto no gastaba precisamente fama de jugón el argentino, que protagonizaba sin sonrojo anuncios de la guisa de «han llevado muy lejos al Cholo Simeone para que no estropee la repetición de las mejores jugadas». Pero este campeonato cada vez más carente de referencias con la pelota en el pasto, se ha abrazado a la personalidad de un técnico de entreguerras y discurso con olor a naftalina.

Mientras la España de los mediapuntas prepara el andador, e Iniesta ya está más para recortar bonsáis que poner a prueba corazones, Simeone marca tendencia en esta Primera División de prejubilación para Messi o Zidane, pero que se agarra a la camisa negra más rojiblanca del mundo. En la temporada de la nonata Superliga, la segunda de la pandemia, la Liga ha sonreído a un Atlético que también se había subido al tren de los ricos. «No me vengan con lamentos, hablo de sobrevivir», cantaban Leiva y Sabina.