La palabra guiri es muy antigua. Viene de los tiempos de las guerras carlistas del XIX, mucho antes que se inventase el balconing. Los vascos (carlistas) se referían a los partidarios de la regente Cristina e Isabel como guiristinos, una deturpación del original cristinos. Y los ingleses eran muy guiristinos.
Guiri es hoy un término un tanto despectivo. A mí siempre me ha resultado emocionante ver cómo los extranjeros que dejan su hogar atrás y llegan a la Liga van saliendo del cascarón y acaban empapándose de la cultura del país que los acoge. Que Luka Modric no pronunciase una palabra de español cuando llegó a Madrid y nueve años más tarde le diga a Piqué al terminar el clásico «ya estás esperando para rajar [al árbitro] ahora, ¿eh?» es un momento muy bonito. «Rajar», un verbo precioso que escuchado perfectamente conjugado con ese acento de balcánico cabreado lo enriquece y lo cubre de matices. Creo que el defensa no se esperaba ese coloquialismo exótico.
Sí que es verdad que nueve años parece un período de tiempo razonable para que uno pueda ya más o menos dominar un idioma. Gareth Bale fue fichado por el Madrid en el 2013 y regresó a Londres en el 2020. Siete años en Madrid y ni una rueda de prensa en castellano. Le faltaron esos dos añitos, pero —en teoría— vuelve en septiembre, a ver si se anima.
El croata dice «rajar» y el neerlandés raja. El trabajo de Koeman con el Barcelona está siendo excepcional, creo que mucho mejor de lo que cabía esperar. Ha hecho una limpieza para la que hacían falta agallas y ha iniciado la reconstrucción sin mirar demasiado por su cargo. Pero hombre, enfadarse y plantar al periodista que no quiere mojarse sobre si considera o no penalti el roce entre Braithwaite y Mendy... Es que nunca me gusto eso de: «¿O no, fulanito?». Involucrar a terceros para reforzar un posicionamiento. Pero luego me hace gracia cómo Koeman luego dice «vale» y se retira de la escena. Hasta me enternece. Me cae bien.