El deporte gallego empieza a normalizar el uso de la mascarilla

El impacto inicial de su empleo obligado está dando paso a un hábito asumido más


«Empezamos a entrenarnos en agosto sin mascarilla. Un día de septiembre llegamos al pabellón y el conserje nos dijo que teníamos que usarla». Lo que le ocurrió a Lucía Paz, Luchy, y a sus compañeras del Liceo femenino de hockey sobre patines es la historia de miles de deportistas gallegos, que desde hace un par de semanas deben ejercitarse con protección en sus bocas atendiendo a la normativa decretada por la Xunta. Un cambio radical, con fuerte impacto inicial en los deportistas que, sin embargo, parece haber dado paso a su rápida asunción como un hábito más. Con resignación, pero también con más de uno concluyendo que el nuevo elemento de su equipación redunda en su beneficio, y en el de todos cuantos disfrutan y participan del deporte federado.

«A primeira vez que a usei foi chocante, realmente incómodo. Pero tes que elixir, e se tes que escoller entre poder adestrar con máscara ou non poder adestrar, prefiro levala. Despois da corentena, de como foi todo... Non imos negar a incomodidade de levala. Pero pódese facer. Tes que seguir o protocolo», comenta Andrea Rivas, que pese a sus 24 años es una de las veteranas de la plantilla del Zalaeta que enfila la recta final hacia su estreno en la Superliga 2 2020-21 del voleibol femenino español. Un equipo limitado económicamente para comprar antes de la Liga la bula de la mascarilla con la práctica de test serológicos cada 14 días. Sus integrantes, al menos, ya habían podido comenzar a aclimatarse un par de semanas antes, en las que las mascarillas empezaron a formar parte de sus rutinas de calentamiento, estiramiento y gimnasio.

«Las primeras sensaciones son algo raras. Pero después de usarla casi dos semanas empiezas a acostumbrarte a ella», apunta Borja López. El baloncestista del equipo vilagarciano de Primera Autonómica Masculina del CLB reconoce, no obstante, que «entre los compañeros hay de todo; algunos se quejan y otros no. Pero hay que convivir con ello».

El principal problema, lógicamente, es la incidencia en el rendimiento físico y las rutinas de trabajo de los deportistas. «Temos que parar cada 30-40 minutos para desinfectar as mans, pero tamén para hidratármonos e aproveitar para respirar sen a máscara un pouco e volver poñela. O noso deporte», explica la central del Zalaeta. «Require esforzos grandes en pouco tempo. Se antes facías cinco series con balón seguidas, agora fas catro e paras».

Borja López resume el peaje del uso de la mascarilla en los entrenamientos: «Estás más fatigado». Pero el arousano introduce una duda: «No sé si se nota más la fatiga por un tema mental o físico. Si porque piensas que la llevas te puede costar más que por llevarla». Una reflexión que acompaña señalando que «cada uno tiene sus tiempos». En la misma línea se manifiesta Andrea Rivas: «Isto depende da capacidade de adaptación de cada xogador» a lo que ella asume como la extensión de «a nova normalidade» al deporte.

«Da más seguridad. Compensa»

La capitana del Liceo, Luchy, dibuja en su equipo una disposición de partida que no auguraba una fácil adaptación: «Pensábamos que era un poco tontería que nos obligasen a usar mascarilla, porque cuando empezásemos a sudar se humedecería y se estropearía». No fue así.

A unas más que a otras, les está costando la transición: «A veces notas que te ahogas. También se te descoloca la mascarilla, y tienes que parar para colocártela bien». Pero con eso y con todo, cuando «aún nos estamos adaptando», Luchy defiende la obligatoriedad de la protección: «Entiendo que lo hacen por nuestro bien. Si es por recomendación sanitaria, será por algo». Y en el caso del las jugadoras del Liceo femenino, afirma su capitana, con un vestuario en el que «unas somos de A Coruña y otras de Santiago, te da más seguridad. Compensa usarla».

La incógnita de la incidencia a la hora de tener que jugar también los partidos con la protección

De no mediar cambios en la normativa vigente por parte de la Xunta, equipos como el Liceo femenino o el CLB deberán afrontar, probablemente a partir de noviembre, sus partidos compitiendo también con mascarilla.

El impacto de la medida, opinan algunos de sus implicados, irá por parroquias deportivas. En el baloncesto, el vilagarciano Borja López opina que «si estamos entrenando con mascarillas a la hora de jugar será lo mismo. No creo que vaya a haber diferencia». Lo mismo opina su entrenador, Luis Gavín, resaltando los muchos parones para coger aire en un partido de baloncesto; ve mucho más problemático que sus jugadores, como los del resto del baloncesto autonómico gallego, sigan sin poder trabajar con contacto a falta de la aprobación del protocolo final de su federación.

En el hockey, sin embargo, la capitana del Liceo cree que competir en la Liga Gallega con mascarilla «va a afectar al rendimiento mientras no nos acostumbremos», pero entiende que «tiene sentido, si entrenamos con ella».

Crítica a las ventajas del fútbol y petición de test subvencionados para los minoritarios

«Ves que os xogadores de fútbol poden adestrar —sin mascarillas— porque se poden facer test cada pouco tempo. E xa non falo de Primeira e de Segunda División, falo tamén de Segunda B e de Terceira. Nós economicamente non podemos facelo». Andrea Rivas verbaliza lo que la inmensa mayoría del deporte ajeno al balompié piensa en España, que este último disfruta de las ventajas de un estado de cosas que dibuja dos mundos separados por una barrera existente desde hace tanto, pero quizá nunca antes tan descarnadamente visibilizada.

Así las cosas, la central del Zalaeta, equipo de la categoría de plata del voleibol femenino español, reclama un paso al frente por parte de las administraciones públicas y autoridades deportivas competentes: «¿Onde está o apoio ao deporte minoritario? Desde as comunidades autónomas deben apoialo economicamente nisto». Y es que a su club nadie parece quitarle la obligación de un test serológico cada 14 días a partir del 17 de octubre, cuando inicie la Superliga 2 encadenando cinco partidos frente a equipos madrileños.

La pantalla de doble filtro del parataekuondista Álex Vidal en su camino a los Juegos de Tokio

Tetracampeón de Europa y cuatro veces campeón del Mundo, el ribeirense Álex Vidal está inmerso de lleno en la preparación de los que serán sus primeros Juegos Paralímpicos, en taekuondo. Su condición de olímpico le permitiría entrenarse sin mascarilla. Pero Álex no trabaja solo. Lo hace con un grupo de dos entrenadores, Juanlu Martínez y Raúl Bouzas, y varios compañeros de su club, el Natural Sport Ribeira. Por ello, se protege como uno más. Con un artefacto I+D+I de la propia factoría barbanzana.

Dos semanas antes de que se despejase la normativa sobre entrenamiento deportivo federado fijada por la Xunta a mediados de este mes, en el Natural Sport sortearon la casuística de Álex Vidal echando mano del casco con pantalla plástica que, ya antes de la pandemia, se usaba en el taekuondo cadete para proteger la cara de los chavales. Con un añadido. Una mascarilla quirúrgica pegada al interior de la pantalla, con la que se busca minimizar la salida de partículas de sus usuarios y con la que Vidal sigue y seguirá trabajando «polos compañeiros» pese a lo mucho que le cuesta: «Respiro aire quente, traballo con moito calor, e teño que reducir os tempos de adestramento. Ata me faltan as ideas».

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