Celso Borges como cabeza de cartel

El Deportivo trata de cerrar el retorno del internacional costarricense, que desecharía importantes propuestas y serviría de potente reclamo para jugadores y afición en el proyecto de Segunda B


En una cancha para cuatro mil espectadores pegada al parque de La Sabana. No el grande, que está a solo dos manzanas de casa, junto al Estadio Nacional en el que juega de local con la selección. Este parque de La Sabana, de proporciones discretas, queda por Palmares, pasado Grecia (la Grecia tica), muy a las afueras de la capital. Y el campo que lo acompaña, mucho más modesto, se llama Guillermo Vargas Roldán. Ahí se estrenó él, recién arrancado el 2006. Se enfrentó al desaparecido Ramonense, entonces colista, después de que una de esas tormentas veraniegas típicas del enero costarricense añadiera barro al césped irregular. Quince años consumidos y el hambre intacta. Aún con ganas de perseguir balones en una topera o de calzarse botas de césped artificial. Ilusión de sobra para regresar. Y en eso anda Celso Borges, tratando de ser el primero al que echen el ojo cuando los (nos) vean volver.

El centrocampista está a un garabato y unos cuantos flecos de distancia de ser quien dé al nuevo proyecto su auténtica proporción. Se despidió desde Primera y retornaría en la B de verdad. Le habría gustado hacerlo seis meses antes para sumarse al intento desesperado de evitar plantarse a tiro de cacicada en la jornada 42, pero con todo listo y las maletas en la puerta, pudo el capricho del Göztepe, que pasó de declararlo prescindible y apartarlo a enrocarse frente al Dépor y prohibirle salir. No lo pasó bien en Turquía, desde donde siguió tramo a tramo el amago de resurrección blanquiazul. Consumada la caída, ha sido el primero en querer formar parte del resurgir. «Puede haber una incorporación sorpresa. No todo van a ser malas noticias para este club», deslizaba Fernando Vidal en su intervención tras conocerse la decisión del CSD.

Desde mucho antes se estaba negociando el fichaje de Borges, quien decidió dar por acabada su aventura turca y deshojaba golosas propuestas, varias de ellas de origen español. Ninguna con el peso emocional de la recibida desde A Coruña, segundo hogar.

El internacional costarricense vivió tres cursos y medio en Riazor, suficientes para engancharse al club y una ciudad que ha seguido visitando con toda la frecuencia que le ha permitido su profesión y su vida familiar. En la que ahora tiene oportunidad de establecerse de modo casi definitivo para jugar al fútbol, lo que le gusta, más allá de la calidad del campo y el nivel del rival.

Si la negociación no se tuerce inexplicablemente, el Deportivo no solo ganará un jugador con recursos muy por encima de la categoría, sino que encontrará un referente en varios aspectos. A la calidad humana del tico se refería recientemente Borja Valle, destacándolo como el mejor compañero entre los que con él compartieron el vestuario blanquiazul. Vázquez obtendría un futbolista con criterio y galones, y Richard Barral, quien reclutaría por segunda vez al jugador, un elemento clave para el efecto llamada, como muestra de la dimensión del nuevo proyecto. La entidad, por último, ofrecería al aficionado un pequeño alivio y una contratación de calidad con la que responder al espectacular respaldo obtenido en la batalla administrativa.

En cuanto a lo que ganará el futbolista aceptando bajar a la tercera categoría del fútbol español, la propuesta cerca de cristalizar recoge un vínculo largo que dé a Celso la estabilidad buscada, un esfuerzo económico para que la diferencia con las ofertas del resto de pretendientes no sea desorbitada, y un rol de líder de cara a un plantel y a una hinchada que sabrá apreciar el gesto. Vecinos de la ciudad que extraña y compañía incondicional en campos muy similares a aquel Estadio Guillermo Vargas Roldán.

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