La Supercopa de la vergüenza

Un contrato de 120 millones por tres años permite que el torneo español, en un formato con cuatro equipos, se dispute desde hoy en un país sobre el que pesan graves denuncias de derechos humanos


Hace algo más de medio siglo el deporte lanzaba potentes mensajes de igualdad. Por eso el régimen segregacionista y racista de Sudáfrica quedó excluido de los Juegos de Tokio 64 y México 68. La mercantilización actual y el cinismo de los organizadores de algunos grandes eventos propiciaron que durante los últimos años grandes acontecimientos lleguen a estados que no respetan los derechos humanos. Siempre con el argumento de que llevar el espectáculo a esos lugares servirá para que un chorro de aire fresco en forma de modernidad y libertades cale en la población local, una hipótesis que los hechos se encargan de contradecir con insistencia. Ahora, un torneo nacional como la Supercopa de España se celebra en Arabia Saudí (Movistar Liga de Campeones, 20.00), sobre el que pesan graves y contundentes denuncias de violación de derechos humanos, en especial de las mujeres. La culpa la tuvo el contrato de 120 millones por tres años que cegó al presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales. Las promesas de regeneración que lanzó al asumir el mando en Las Rozas fueron papel mojado desde que llegó al poder de la institución. Cuando se presentó el torneo, ahora en un formato con cuatro equipos (Valencia-Madrid hoy y Atlético-Barça mañana en semifinales), Rubiales apeló a la oportunidad que el evento brindaba para que las libertades se abriesen paso en el país. Ayer, Patricia Cazón, la periodista del Diario As en Yedda, devolvía a la RFEF un baño de realidad. «No puedo ir a la piscina de mi hotel», denunciaba al tiempo que indicaba como las restricciones a las mujeres, también a las occidentales, permanecían vigentes en la ciudad saudí, a las que se negaba compartir mesa o estancia con hombres en restaurantes.

Gran parte de las mujeres van cubiertas por las calles con nical, el velo que solo deja al descubierto los ojos. De hecho, hasta hace año y medio solo los hombres podían conducir o viajar fuera del país. Para Rubiales, la pirueta de llevar la Supercopa a Arabia Saudí implica una incongruecia más, al haber negado durante más de un año a la Liga la posibilidad de que un único partido de toda la temporada se disputase en Miami, tal como pretendía el presidente de la patronal, Javier Tebas, con el que mantiene un continuo enfrentamiento.

Primero, Rubiales tuvo problemas para conseguir que un operador pujase con fuerza por esta Supercopa, al negarse TVE, las autonómicas, Atresmedia y Mediaset a retransmitir el evento al disputarse en Arabia Saudí, y ahora el problema es de ambiente en la propia sede. Pese a la fuerte inyecció de dinero, la Supercopa no ha calado.

Los cuatro clubes españoles participantes no vendieron más que el 9% de las 12.000 entradas de que disponían para sus aficiones, según publicó El Mundo: El Atlético y el Valencia pagaban el importe de las localidades de los seguidores que quisiesen viajar a Yedda desde España. Ni así hubo apenas demanda para unas entradas de entre 25 y 37 euros. Se vendieron 700 a madridistas, 300 a barcelonistas, 50 a atléticos y 26 a valencianistas. Y se da por hecho que se adquirieron por residentes en Arabia Saudí, no por seguidores desplazados.

El Rali Dakar, un evento deportivo que la empresa francesa Amaury Sport Organisation (ASO) comercializa desde hace décadas al mejor postor, ya mostró desde el domingo pasado la realidad de las restricciones en el país, incluso para la caravana de participantes occidentales. Nada de mensajes políticos ni de muestras de afecto en público. Son algunas de las directrices para cumplir con las «leyes locales de decencia».

De hecho, la organización brindó a los deportistas una guía práctica antes de viajar a Arabia Saudí, una monarquía absoluta islámica en la que una interpretación extrema del Corán condiciona el estilo de vida de sus ciudadanos. «Sobre todo para las mujeres, la ropa no debe ser ajustada, a menos que sea necesario por razones de seguridad. Deben llevar los hombros y las rodillas tapadas en público», recogía la guía de una carrera que pasa por lugares con temperaturas sobre 30 grados.

Al margen de la discriminación de la mujer, en Arabia Saudí se persigue la importación, la venta y el consumo de la carne de cerdo, el consumo de drogas se castiga con penas que alcanzan la de muerte, están prohibidos los contenidos eróticos y pornográficos, y hasta las revistas de lencería o moda íntima femenina, como recogía la guía del Dakar.

De hecho, los periodistas que cubren el rali con acreditación tuvieron que firmar un compromiso de adhesión al código de conducta del país, como garantía de que no cometerían comportamientos ofensivos para la cultura oficial local.

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