Claudio Chiappucci: «Ya no hay instinto en el ciclismo»

Gran rival de Indurain en los noventa, no se identifica con los corredores actuales y rechaza la tecnología


Ya no quedan tipos como él en el pelotón. Un inconsciente. Un temerario. Un valiente que se hizo grande en el Tour de 1992 a su paso por su patria. Fue el Gitano, le llamaron Calimero, pero su carácter de escalador inconsciente y depredador acabó definiendo su apodo.

-Le dicen Diablo, pero tan malo no será...

-Eso empezó en Colombia corriendo la clásica RCN en 1992. La prensa colombiana es muy carismática y sabe hablar muy bien por televisión. Era muy raro que un europeo ganase en Colombia. Gané cuatro etapas y me pusieron ese nombre de Diablo italiano porque estaba atacando a 32 colombianos que normalmente ganan en su casa.

-En su casa y fuera...

-Ahora hay muchos más que antes. Antes había calidad. Tres o cuatro, pero de calidad.

-¿Le gustan menos los de ahora?

-Son diferentes. Antes eran escaladores; ahora los hay esprínteres, que andan bien contra el reloj...

-Se suele decir que usted tuvo la mala suerte de correr en la misma época que Indurain, ¿está de acuerdo con esto?

-Sí. Él tenía la suerte de ser bueno en la contrarreloj larga. Si las cronos fuesen como son hoy en el Giro o en el Tour, hubiese sido otra historia. En los recorridos no había mucha montaña, no había etapas de gran dificultad y sí mucha contrarreloj larga.

-En este último Tour hubo solo dos contrarrelojes y una era por equipos.

-Hubiese sido una carrera mucho más abierta para mí. Lo que hubiese perdido en una contrarreloj con Miguel normalmente lo hubiese podido ganar subiendo o atacando. Pero dos cronos de 70 kilómetros y una para empezar el Giro era ya suficiente para que Miguel ganase tiempo. Yo tenía que intentar ganarlo atacando desde lejos.

-Era una bestia Miguel.

-No tenemos otra referencia de la época moderna. Después de Miguel las contrarrelojes han ido siendo cada vez más cortas. Ha sido el número uno de la última época.

-¿Le ha quedado la espinita?

-Yo no decidía los recorridos y él tuvo más suerte que yo. Lo que he sido como ciclista, mi carácter, nació porque Miguel tenía esa suerte y si había una posibilidad de ganar tiempo era atacando. Era la única manera.

-Ciclismo espectáculo.

-Yo intentaba ganar, y buscaba que conseguir vencer fuese un espectáculo.

-Ahora cada posible ataque se mide al milímetro desde los coches. ¿Qué opina del uso del pinganillo?

-Pinganillo nunca. A mí me gustaría ver un ciclismo abierto. Natural. De cómo se encuentra el ciclista en cada momento. La estrategia ha cambiado mucho. Hay una evolución de la tecnología de la bici, de los entrenamientos, de cómo se programa la temporada. Ya no es el ciclismo que le gustaba a la gente, que era más abierto, que nunca se podía saber qué iba a pasar. Miguel y su equipo nunca sabían cómo podrían controlar una carrera porque existía la posibilidad que el Diablo atacase de lejos.

-Pero veo que lleva un cambio inalámbrico por Bluetooth, ¿ya no hay vuelta atrás con la tecnología?

-Con las bicicletas que usaba yo ya puedo salir ahora en la carrera de bicicletas antiguas de Noosa Strade Bianche -es una carrera de bicis vintage en Australia-. Se nota muchísima diferencia.

-Usted e Indurain se siguen viendo ahora, tras la retirada. Es curioso, teniendo en cuenta que eran parte de un rivalidad histórica.

-Nosotros tenemos amistad de siempre. No ha sido solo después. Cuando estábamos compitiendo, él tenía sus patrocinadores y yo los míos, pero nos llevábamos bien y buscábamos que la gente disfrutase del ciclismo. Nuestra rivalidad ha gustado mucho.

-Pienso en aquellos pelotones. Con Zülle, Rominger…

-No sé mucho de esa gente. No siguen, no les gusta pasar días sobre la bicicleta. Ellos han terminado de competir y para ellos se acabó todo. Cada uno tiene una mentalidad diferente.

-¿Nunca se ha cansado de la bicicleta?

-Además de la pasión, antes era mi trabajo. Ahora ya no, pero la pasión sigue. Y me encuentro bien haciéndolo, me gusta disfrutar de la bici, algo que era muy difícil cuando era profesional. Ahora subo como me gusta, no tengo la obligación de ir a tope porque hay que ganar. Disfruto de una pasión de la que no he podido cuando era profesional. Cuando eres profesional vas a tope. Como un caballo.

-Usted ha ganado incluso en Galicia.

- Sí, cuando había la Vuelta a Galicia. Tengo buenos recuerdos de la montaña. Aquí no hay grandes cumbres, pero el terreno cansa mucho. Es muy rompepiernas.

Nunca ganó una gran vuelta, pero en París vestía de lunares. Chiappucci fue tan grande como caprichoso.

-¿Clásicas o grandes vueltas?

-Depende.

-Por ahí dirían que esa respuesta es muy gallega.

-Es que me han gustado mucho algunas clásicas, pero siempre me han gustado las que no podía ganar. La Milán-San Remo era una carrera que, a priori, yo no podía ganar. Pero lo hice. Aproveché que nadie contaba conmigo. Las carreras por etapas siempre han sido una motivación para mí. La motivación de intentar ganar a Miguel. ¿Cómo hacerlo? Cada etapa era una estrategia diferente para intentarlo.

-¿Tour, Giro o Vuelta?

-Si hablo de mi trayectoria lo más importante ha sido el Tour. Me mostró al gran público como un ciclista importante. Como italiano diría el Giro, como corredor diría el Tour, pero la Vuelta la llevo en el corazón.

-¿Un ciclista actual con el que se identifique?

-No hay. Porque la mentalidad de los ciclistas actuales no es de intentar atacar.

-¿Quizás Contador?

-Pero ya es de otra época. Ya no hay instinto, no hay sorpresa al adversario. Todo es interpretar una estrategia ayudado con los datos de potencia que te da la tecnología.

-¿Un puerto?

-El Mortirolo. Pero también el Paso de Gavia. Subí ese puerto con nieve cuando era imposible subir con nieve. Hoy, los ciclistas modernos no lo hacen: no ha habido ni uno en el último año.

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