La constante progresión de Burrito Boy


Marc Gasol ya tiene su anillo. En gran medida, porque en algún momento decidió que quería ser Marc Gasol y no solo el hermano de Pau Gasol. En buena medida, porque a veces siempre viene bien una dosis de fortuna, como la que lo llevó a entrar en la convocatoria de Pepu Hernández para el Mundial de Japón. La última plaza estaba entre él y Hernández Sonseca. Cogió ese tren in extremis y entró en una vía que lo ha llevado hasta lo más alto en la NBA.

Cualquiera que teclee en un buscador el nombre del pívot de los Raptors y la palabra Lausanne podrá ver el aspecto que tenía en aquella época, cuando Pau empezaba su andadura en la NBA y él se enrolaba en el equipo del instituto de Memphis, con 16 años. Ya veía el baloncesto con clarividencia. En su carrocería había un notable sobrepeso que no le impedía destacar entre los jugadores de su edad. Dejó huella con sus números y llegó a ser apodado Burrito Boy por su aspecto.

Marc no pasó por la liga universitaria. Cogió galones en la ACB, recaló en la NBA y nunca dejó de progresar. Hasta hacerse con el anillo. «Me acuerdo de unas de las primeras veces que vi a Marc. Era cadete y estaba corriendo de lado a lado de la pista para ponerse en una buena condición física. Karnisovas y yo estábamos en la pista y veíamos que tenía una forma de correr muy poco ortodoxa. Su forma atlética no era buena. Más adelante, evolucionó, se puso bien físicamente y se convirtió en un jugadorazo». Son palabras de Aíto García Reneses. Marc Gasol siempre fue inteligente y supo acompañar las neuronas con los músculos.

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