Jesús Carballo Martínez: «Llevo siete operaciones en una rodilla»

Pretende relanzar el deporte en que fue el primer campeón del mundo español, aunque una caída le dejó sin medalla olímpica


La suya es una vida dedicada a la gimnasia. Ya de serie. En abril de 1995, con tan solo 18 años, Jesús Carballo Martínez (Madrid, 1976) lograba la primera medalla española en una competición mundial masculina, tras proclamarse campeón en Puerto Rico en la modalidad de barra fija. Casi un cuarto de siglo después, preside la Federación Española del deporte que ha perseguido su existencia, y a la que accedió en diciembre del 2010.

-¿Se siente satisfecho tras nueve años como máximo dirigente de la gimnasia española?

-Los inicios fueron muy duros, me encontré una federación bastante tocada y nadie me dio un manual del buen presidente. Teníamos una deuda enorme. No fue agradable, nos vimos obligados a reestructurar personal, tuve que dejar de contar con gente que llevaba toda la vida en este mundo... pero es que era inviable la situación. Había una deuda de dos millones de euros, cambiamos muchos hábitos que venían de otras épocas e hicimos un plan de viabilidad que hemos tenido que cumplir año tras año para conseguir sanearla. No ha sido fácil.

-Además de sanear cuentas, habría que gestionar deportistas.

-Claro, y que dependen de los recursos con los que cuentas. La incorporación de la gimnasia rítmica al programa olímpico ha disparado las licencias femeninas. En gimnasia artística, hemos tenido Campeonatos de España con más de mil participantes. En mi época íbamos unos 150. Luego está el trabajo de los clubes para la alta competición, que ya es mucho más elitista y más compleja.

-¿Se hubiese dedicado a la gimnasia sin verla en su casa?

-Sin duda influyó mi ámbito familiar. Tanto mi padre como mi madre habían sido gimnastas y tanto mis hermanos como yo nos hemos dedicado a lo mismo. A los seis años ya estaba por los gimnasios -fue campeón de España alevín e infantil- y empecé muy joven en la alta competición.

-Con la mayoría de edad recién cumplida, se proclama campeón del mundo, algo que no logró ni el legendario Joaquín Blume.

-¡Tengo la sensación de que queda tan lejos! Fue un cambio drástico en mi vida, pasé de ser un deportista más a verme reconocido, a notar cómo generaba expectativas muy altas a mi alrededor. Hasta entonces no existían, no sentía ninguna presión, ninguna responsabilidad hacia mis resultados. Nada volvió a ser igual. Me pilló muy joven e inexperto. Era un chico muy tímido. Llegué al aeropuerto y me encontré a cientos de personas esperándome. Me cayeron muchas entrevistas de golpe y recuerdo que me sentía como en una pesadilla. No sabía muy bien de qué manera reaccionar y tenía mucho vértigo a no estar a la altura.

-Sin apenas tiempo para digerirlo se ve en los Juegos Olímpico de Atlanta, con todos los focos apuntándole, y se cae en el momento decisivo.

-Sufrí mucho. Me sugestioné y me autoconvencí de que podía conseguir una medalla. En todas las fases de clasificación había quedado primero. Era el último ejercicio de la final y recuerdo que me decía que lo iba a conseguir, lo tenía al alcance de mi mano. Cuando me vi en el suelo fue un mazazo terrible. En una décima de segundo se me había escapado.

-¿Fue un punto de inflexión?

-Sin duda. Volví de los Juegos y a las dos semanas me partí el brazo en la barra fija. Me fracturé el cúbito y el radio. Tuve varias operaciones que me impidieron entrenar. Pasé de verme en lo más alto a sentir que todo se había evaporado, se había ido al traste. Todo aquello me hizo madurar muchísimo, aprender a gestionar mis emociones.

-Del calvario a un segundo título mundial, el de Pekín, si cabe más meritorio que el primero.

-Tuvo mucho más valor que la primera vez. Lo sudé muchísimo. El año anterior se había muerto mi entrenador de un infarto y tuve que buscarme otro. Me había tenido que operar de las dos rodillas y la lesión en el brazo me obligó a pasar por quirófano otra vez. Me costó un mundo recuperarme de todo aquello. Ir a China, con el nivel que tenían los chinos en esa época, y volver a proclamarme campeón del mundo fue algo increíble, imposible de describir. Pocas sensaciones voy a tener en mi vida que se puedan comparar con aquella.

-¿Sigue practicando deporte?

-Mis rodillas no me permiten demasiados esfuerzos, en una de ellas tengo ya siete operaciones. Hago bicicleta, me aficioné a ella hace un año y me sirve para hacer ejercicio, para poder mantenerme en forma. Una de las cosas que más me costó, al retirarme, fue entrar en un gimnasio sin la mentalidad de prepararme para competir.

En corto

Acaba de regresar de San Petersburgo. Dice que ha viajado más en su periplo como directivo, de lo que lo hizo como deportista. Aunque nacido y residente en Madrid, Jesús Carballo mantiene su vínculo con Moaña, donde reside parte de su familia.

-¿Cómo gestionó el día que se retiró de la competición?

-Dejé de estar muchas horas metido en un gimnasio, rodeado de gente, con una federación detrás a, de repente, verme fuera de todo eso. Me sentí un poco perdido. Tardé un par de años en estabilizarme. No puedo decir que haya sido un trauma, pero me hizo falta tomarme mi tiempo para poder encontrar un camino.

-¿Cada cuánto pisa Galicia?

-Siempre que puedo. Mi padre nos insiste mucho a todos los hijos que mantengamos las raíces y pasemos tiempo allí con él. Hay veces que salgo un sábado por la mañana y el domingo me vuelvo. Por comer una buena nécora y pasar un rato en familia vale la pena. En verano intento al menos quedarme una semana por Aldán. Cuando alguien me dice que no conoce aquello, me lo llevo. Le llevo hechos 130.000 kilómetros al coche en dos años. Pongo música -española o electrónica- y así me relajo.

-¿Mejor que en un concierto?

- Cero conciertos, ni recuerdo el último. Tengo a mi novia detrás para que la acompañe a algún festival y no hay calendario en el que me pueda permitir irme un fin de semana con ella. De abril a octubre, todos tenemos alguna competición. Los ratos que tengo libres los paso en familia y con mis dos perros. Una de las perspectivas que te da la madurez es saber valorar lo rápido que pasa el tiempo.

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