Teresa Portela: «Londres fue la cita más especial»

Con 18 años y de manera inesperada, logró clasificarse para sus primeros Juegos en Sídney. Casi 20 años despúes, la palista busca un billete para la próxima cita olímpica de Tokio en el año 2020.

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La historia de Teresa Portela es una de las grandes historias del deporte español. Con dieciocho años participó por primera vez en unos Juegos Olímpicos, los de Sídney 2000. Casi veinte años después, sigue en la élite y sueña con llegar a los que serían sus sextos Juegos, en Tokio. La canguesa me recibe en O Grove, durante su día libre, después de una semana de entrenamiento sin descanso.

-Los Juegos de Londres sin duda fueron la mejor experiencia de mi vida. ¿Cómo recuerdas tus primeros Juegos Olímpicos?

-Los recuerdo con mucho cariño. Como era juvenil, no era una competición que entrase en mis planes. Veía todo con los ojos de una niña y clasificarme fue un gran logro y una aventura, ya que se celebraban en Sídney.

-¿Quizás entonces son los que más has disfrutado?

-No iba con ninguna presión de tener ningún resultado. Estar allí ya era algo muy importante y los disfruté al máximo. Fue muy emocionante ir a ver otras competiciones y en las siguientes ediciones ya no pude hacerlo. El nivel de exigencia me obligaba a estar descansada y a centrarme en mi competición. Así que los primeros los viví de otra manera.

-¡Qué suerte!, en mi caso, en Londres, no pude ir a ver ninguna otra competición.

-Ya, es que normalmente el piragüismo y la vela solemos estar apartados, pero en este caso no era así y se concentraba todo en el mismo sitio.

-Durante tu carrera has cambiado de pruebas. Al principio competías en K4; ahora, en K1.

-En el 2001 me concentré con el equipo nacional y formaba parte de los barcos de equipo. Yo no tenía el nivel como para competir en el Campeonato del Mundo en solitario y tener opciones de conseguir una medalla. Esos años me dieron experiencia y aprendí mucho compitiendo en equipo. Hubo una época en la que remaba las cinco pruebas en el Mundial, que es el máximo permitido, pero el cambio definitivo a categoría individual fue cuando no conseguimos la clasificación para Londres. En ese momento decidí centrarme en el K1 y dejé el equipo. Pasé a entrenarme en casa, por mi cuenta y con mi propio entrenador.

-Y parece que fue bien el cambio.

-Sí, por una parte ya estaba cansada de estar tantos años entrenándome fuera de casa. En el año 2010 se decidió que el K1 200 metros se convertía en distancia olímpica. Siempre ha sido mi prueba favorita y la distancia en la que me he sentido más cómoda. Esa noticia fue una alegría para mí.

-¿Si tuvieras que resumir en una frase cada participación en los Juegos Olímpicos, qué me dirías?

-Me cuesta, quedarme solo con una cosa. Sídney fue cumplir un sueño. Mi objetivo era participar en los Juegos Olímpicos y vivir esa experiencia. A Atenas fui con la responsabilidad de haber conseguido medallas en los Mundiales y pensar en la posibilidad de subir al podio. Los de Pekín fueron unos Juegos muy bonitos y en lo deportivo muy parecidos a los anteriores. Londres, aunque todas fueron importantes, fue la cita más especial. Y si me quedo con una me quedo con Londres. Me vi muy fuerte, con claras opciones de conseguir una medalla y sabía que ese año realmente podía subirme al podio. Quedé cuarta porque tuve un error en la salida, no escuché la señal de atención y eso hizo que saliera tarde y que en los 200 metros solo pudiera remontar hasta la cuarta posición. Río fue un reto para mí. Siempre me planteo objetivos a corto plazo y participar en cinco Juegos es algo increíble que jamás hubiera soñado. Ahora Tokio, la gran incógnita. Si participar cinco veces me parecía prácticamente imposible, porque es muy difícil, si pudiese participar una vez más ya no sabría cómo llamarlo.

-Nosotros tampoco sabríamos cómo elogiarte ya. Toda una vida en la élite.

-No tendría palabras. Personalmente me llenaría mucho saber que estuve más de veinte años en la élite participando cada año en el Campeonato del Mundo y Campeonato de Europa. Aunque evidentemente en toda esta carrera deportiva hubo de todo; momentos buenos, malos, decepciones y sorpresas. Todo me llevó a aprender y a llegar hasta aquí.

-Como dices, a lo largo de estos años has pasado por muchas cosas, entre ellas has tenido una niña y apenas dejaste de entrenar durante el embarazo. ¿Cómo fue la vuelta a la competición?

-Tuve a Naira en el 2014, en el 2013 competí en el Mundial y durante el embarazo estuve entrenándome pero con el objetivo de mantener la forma. Todo el mundo me decía que me iba cambiar la vida después del embarazo, pero yo no tenía claro si quería retirarme. Así que pensé en seguir manteniéndome activa por si decidía volver después de dar a luz, y mantuve mi rutina. Al final, llevo desde los nueve años saliendo de casa para ir a entrenarme con la mochila. Es mi vida.

-¿Y cómo fue entonces volver a entrenarse y a competir después?

-Diecisiete meses después de dar a luz logré un bronce en el Mundial. Así que me recuperé muy rápido. Pero claro que tenía dudas, no sabía como iba a compaginar los entrenamientos y los viajes con ser madre. Yo antes, me levantaba, me entrenaba y no tenía más responsabilidades. Pero ahora tengo que llevarla al colegio, si se pone mala llevarla al médico y eso hace que de repente te veas con un cúmulo de cosas a las que no estás acostumbrada. También se hace duro a veces porque quiero pasar tiempo con ella y separarse es complicado.

-Bueno, ahora mientras es pequeña puede acompañarte, ¿no?

-Sí, por ahora lo normal es que venga conmigo. Desde muy pequeña sabe que sus padres son deportistas así que para ella lo normal es estar en un gimnasio y es una más del equipo entre palas, cronómetros y piraguas. Que pueda vivir estas experiencias creo que es algo positivo para el futuro y yo además me quedo más tranquila y disfruto más.

-¿Querrá ser piragüista entonces?

-Todo el mundo le hace la misma pregunta y de momento tiene claro que no, pero es muy pequeña aún para pensar en eso.

-¿Qué me dices de tu tocaya portuguesa?

-Es una coincidencia muy curiosa, hay una chica que se llama Teresa Portela y es portuguesa, fisioterapeuta y compite la misma distancia que yo. Cuando me enteré me asusté un poco. [Se ríe]

-Me han dicho que tienes una habitación en casa con todas las medallas y diplomas. ¿Guardas sitio para la de Tokio?

-Al principio las iba poniendo en un corcho en casa de mis padres y desde hace poco trasladé todo para nuestra casa. Toda medalla que venga es bienvenida y si es la de Tokio se le hace sitio donde sea.

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