Aparece Malcom, no está Coutinho

El Barça, que espabiló en la segunda parte, volcó su juego en el costado derecho, el que partía como más débil


En todos los campos del mundo hay un rincón a nombre de Messi. Está en la esquina izquierda de cualquier área, todas dispuestas a servir de punto de partida al argentino, que desde allí se moverá siempre a su antojo para multiplicarse por la cancha. Cuando no está, el lugar admite nuevos inquilinos, que lo toman prestado hasta que el 10 lo reclama. Funciona así en todos los escenarios. También en el Camp Nou, donde ayer fue Malcom el designado para calentar el apropiado pedazo de césped. Y cumplió tan bien con el encargo el brasileño que cuando Messi se ató por fin las botas, su sustituto solo se mudó de orilla, eliminando del once a un compatriota.

Malcom fue capaz de activar a Semedo. Coutinho, de anular a Jordi Alba. La actividad de los laterales sirvió ayer de termómetro para medir las prestaciones de los extremos. El carrilero diestro apuró la línea con paredes y quiebros. El de la izquierda pasó una hora huérfano. Se vino arriba con el ingreso del 10, su socio habitual, pero el subidón no le dio para cambiar el encuentro.

Lo mismo le sucedió a Suárez que no se entiende con otro que no sea La Pulga. En el primer tiempo perdió el pulso a distancia con Benzemá porque el francés está más acostumbrado a alejarse del área. El Real Madrid apostó por adelantar mucho las líneas, intentando recuperar lo más arriba posible, apropiándose del sello culé en su casa. El Barça empequeñeció, incapaz de combinar; con un costado inutilizado y las vías centrales muertas a la altura de su ariete, torpe al intentar salvar la enorme distancia entre la medular y Keylor Navas. Por dos veces lo intentó y en ambas se hizo un lío.

Mientras a los de Solari les duró el fuelle, solo Piqué, Malcom y Semedo encontraron recursos para salir del atolladero. A los dos últimos les ayudó la sombra de Marcelo. El central, por su parte, puso la calma y el pie para que el equipo aguantara sin demasiados daños hasta el descanso.

Al volver del túnel, el Madrid dio un paso atrás y el Barça uno al frente. Creció especialmente Arthur, ya con tiempo para levantar la cabeza sin sentir en la nuca el aliento de Modric y Llorente. El duelo se trasladó a las inmediaciones de Navas y ahí fue capaz de revivir incluso Suárez, que estrelló en el palo la pelota del 1-1. Alba mantuvo aún por un rato su perfil bajo; esperando la entrada de Messi para sacar la cabeza. El 10 abandonó por fin el banquillo para reclamar su esquina. Se la cedió impoluta Malcom, pero quien desapareció del campo fue Coutinho, que de todas formas ya no estaba.

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