Las secuelas del deporte profesional y otras problemáticas del ejercicio físico saludable


El deporte y el ejercicio físico son consustanciales al crecimiento sano de niños y jóvenes; sus valores, de suma importancia para el desarrollo de la personalidad; y el disfrute de su práctica, una garantía de tener un hábito saludable toda la vida. La actividad así concebida es una escuela de vida y una fuente de salud.

Caso distinto es el deporte profesional, un espectáculo que mueve grandes cantidades de dinero, seguido por millones de aficionados, y en el que sus protagonistas son modelos y referentes para los niños y jóvenes de todo el mundo.

Aunque relacionados, las diferencias entre el deporte aficionado y el profesional son notables y sus objetivos, muy diferentes. La actividad deportiva bien entendida socializa, educa, forma, divierte y proporciona salud, pero sus desviaciones provocan una problemática que hay que combatir.

Deporte de base y obesidad

Instituciones y expertos médicos de diversas especialidades llevan años alertando sobre el aumento de la obesidad infantil en España y destacan como causas principales la disminución del ejercicio físico y la mala alimentación, augurando que, si no hay un cambio drástico de rumbo, en un corto plazo la sociedad española será una sociedad prematuramente enferma. Ese escenario demandaría unas atenciones inasumibles para la sanidad pública, creando un problema económico más grave que la sostenibilidad de las pensiones.

Lo más llamativo es que, coincidiendo todos en lo incuestionable del diagnóstico, no se han tomado medidas para afrontar el problema. Un problema no solo económico (se calcula que por cada euro invertido en deporte, se ahorra a medio plazo entre 10 y 15 en gasto sanitario), sino que tiene una influencia importantísima en el desarrollo sano y equilibrado de niños y jóvenes, y en la calidad de vida de los adultos.

Escasa actividad física en los centros escolares

Sorprende, el limitadísimo tiempo que se dedica en los centros escolares al deporte y la educación física, obviando los beneficios incuestionables que esta tiene como complemento imprescindible en la formación de los niños. Los padres cubren esta carencia recurriendo a actividades extraescolares, que deben compaginarse con la abundancia de deberes, y en las que no hay un control sobre si son adecuadas, tanto por la idoneidad de la especialidad elegida, como por la intensidad de los entrenamientos en relación a cada edad.

Deporte selectivo en vez de inclusivo

Otro grave problema que incide en la práctica deportiva de base es la temprana selección que se va haciendo de los más destacados en detrimento de la mayoría, que desmotivados acaban abandonando. Prima la educación selectiva sobre la inclusiva. Esto no solo sucede en los centros escolares, sino que se extiende a los clubes. Los más fuertes fichan a edades tempranas a todos los mejores: la consecuencia son resultados escandalosos que perjudican a los ganadores (se aburren) y a los perdedores (se desaniman). Se copia el modelo de los profesionales, con sus mismas rutinas, en perjuicio del juego imaginativo que debe primar en esas etapas de la niñez.

Presiones sin control

En el lado opuesto, que acaba provocando igual o peor rechazo, se encuentran aquellos niños que son sometidos ?en ocasiones por sus padres, en otras por pseudoentrenadores, muchas veces en connivencia de ambas partes e incluso por instituciones?, a unas presiones desmedidas e impropias de sus edades. Sucede con el casi siempre utópico objetivo de metas inalcanzables para sus condiciones. Son personas que, o bien quieren la fama a cualquier precio (los pseudoentrenadores), o con la disculpa de querer lo mejor para sus hijos (los padres), lo que en realidad intentan es vivir sus sueños a través de la vida de los niños. Así se llega a unos climas de tensión y a unas aberraciones solo posibles por la falta de control de federaciones y clubes. Se critica el trabajo infantil para las multinacionales en Asia, pero se mira para otro lado y se consienten prácticas vergonzantes cada vez más comunes en nuestro ámbito.

Una autoridad en la historia deportiva de nuestro país como José María Cagigal ya decía hace años que un problema importante del deporte «es la desmesurada búsqueda de resultados, de configurar deportistas máquinas». El prestigioso psicólogo deportivo norteamericano Jason Selk siempre muestra la estadística de que solo 1 de cada 16.000 deportistas llega a ser profesional. Para que los padres entiendan la dificultad que entraña, como para pensar en que su hijo va a ser ese 1 porque tenga unas ciertas habilidades.

Recomendaciones del Consejo de Europa

El propio Consejo de Europa viene mostrando hace tiempo su inquietud por los jóvenes que practican deporte de alto nivel en edades precoces, y ya ha dictado resoluciones apelando a la responsabilidad de los padres y recomendando a los gobernantes, clubes y federaciones que sigan las siguientes directrices:

1. Distinguir el deporte para jóvenes del de élite.

2. Marcar edades mínimas para participar en competiciones internacionales.

3. Cuidar que el ritmo de entrenamientos y competiciones se adapte a cada edad.

4. Prestar atención a la formación de entrenadores, tanto en sus cuestiones técnicas como en sus responsabilidades morales.

La universidad, un paréntesis peligroso e inadecuado

La incompatibilidad de estudios y deporte al llegar a la universidad es algo ya arraigado en la sociedad española como normal. Se corta la práctica deportiva en unas edades claves, en las que, aparte de no obtener sus beneficios saludables, se pierde su hábito, con lo difícil que luego resulta recuperarlo. Sorprende también la pasividad de las instituciones en no copiar modelos de otros países en los que el deporte valora el nivel de las universidades, con el ejemplo norteamericano como referente mundial. No olvidemos que se sigue en una etapa formativa, tanto corporal como de la mente, y el deporte aporta educación, igualdad y respeto, y mejora la salud y el ánimo, dos condiciones necesarias para la concentración y predisposición para el estudio.

El deporte en la etapa adulta

En la etapa adulta es innegable que una buena salud es necesaria para tener calidad de vida y optimizar el rendimiento en cualquier actividad, y que el ejercicio físico equilibrado es una parte importante para poder sentirse bien, ya que mejora la condición física, la imagen corporal, la autoestima, el buen humor y el rendimiento profesional.

Un reconocimiento médico, para conocer la intensidad y los deportes o el tipo de ejercicio adecuado para cada persona, atendiendo a sus características y edad, es clave para obtener los beneficios antes señalados, y evitar excesos con graves consecuencias. Bajo esta perspectiva, lúdica y recreativa, el deporte nos hace más sanos.

¿Es sano el deporte profesional?

¿En el deporte profesional se obtienen los mismos beneficios saludables? Rotundamente no. Se entrena y compite por dinero, fama, títulos... Requiere prepararse para llevar los cuerpos y mentes al límite, y una vez que se alcanza, mantenerse en él el mayor tiempo posible. La consecuencia son lesiones y desgaste físico y mental, con secuelas en ambos campos. El cuidado con que lleven sus carreras, la planificación, el entorno profesional y la suerte marcarán el estado en que, una vez retirados, se encuentren el resto de sus vidas. El caso de Andy Murray es significativo de cómo un deportista de élite con unas facultades físicas extraordinarias a los 31 años tiene una lesión limitativa, que hasta le impide andar sin dolor. Para poder levantarse por la mañana de la cama, ya en sus últimos años de jugador, Andre Agassi tenía que tumbarse en el suelo un rato para poder incorporarse, tal era su dolor en la espalda. La lista sería interminable, ya que casi todos arrastran más o menos secuelas, pero en general pagan el precio de ver mermada su salud a una edad temprana.

La formación integral

Hay que tener en cuenta que los deportistas profesionales, sobre todo los más destacados, representan modelos, y esto comporta una responsabilidad. La formación complementaria es un elemento importante para poder superar situaciones de máxima tensión y llevar con naturalidad una vida que nada tiene de ordinaria y sí de excepcional. Representar a tu país en unos Juegos Olímpicos o en Mundiales a veces supone una carga excesiva para la mente del deportista. Esta presión, el trauma del fracaso, y el momento de la retirada, en el que las estrellas pasan al olvido, trae consecuencias dramáticas en muchos casos. Ejemplos los hay de todo tipo y deportes. La formación integral de la persona, complementaria a su formación deportiva, es indispensable para afrontar estas situaciones y saber que la vida es algo más que golpear bien una pelota, meter canastas o correr rápido. Los ejemplos de Pau Gasol y Rafa Nadal, iconos de un deporte por equipos y otro individual, son ejemplos de dos trayectorias bien llevadas, con dos extraordinarios entornos que posibilitaron a ambos desarrollar su talento y sus ganas de alcanzar su máximo potencial, sin dejar de ser ellos mismos, sin que el éxito alterase sus identidades.

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