Cuando hace dieciséis años Peñíscola acogió el Europeo de ajedrez de los más jóvenes, Magnus Carlsen era solo un nombre más en el listado de prodigios. Sin embargo, ahora la localidad castellonense puede presumir de haber asistido a los primeros pasos del triple campeón mundial, que persigue su cuarta corona. Y, por lo que se está viviendo estos días, puede que en unos años se hable de Santiago de Compostela como el lugar donde se vio despuntar a uno de los grandes.

La Cidade da Cultura acoge hasta el próximo viernes el Mundial de cadetes, en el que se enmarcan las categorías sub-8, sub-10 y sub-12. En total, 827 pequeños de 86 países de los cinco continentes, que convierten el Gaiás en un Olimpiada de ajedrez en miniatura. Un ambiente sin igual, difícil de ver en otra disciplina deportiva a estas edades, con más de 2.000 acompañantes (familiares y entrenadores) de todas las razas y culturas.

«Yo soy mi propio patrocinador», cuenta un padre de Nueva Zelanda, un país del que vinieron dos jugadores, cada uno con sus padres. Unos 20.000 kilómetros de viaje (ida y vuelta) y 5.000 euros por familia. «No puedes ser buen jugador si no te enfrentas a los mejores», se justifica. Mientras, una madre de Namibia, por primera vez en Europa, explica que aunque es un deporte muy nuevo en su país, es un evento «muy especial» para los pequeños y no le importa pagar los costes. «El viaje es una inversión en capital humano», destaca Gerardo Díaz, de Chile. En Sudamérica incluso se organizan parrilladas para financiar el torneo.

Padres que renuncian al trabajo

Atendiendo a lo puramente ajedrecístico, la cantidad de pequeños que se reúnen en torno a un tablero sirven de señuelo para descubrir a una de las estrellas en miniatura: D Gukesh. Un indio que está a punto de ser Gran Maestro -la categoría más alta- con apenas 12 años. «Empecé en el 2013 como actividad extraescolar. Ahora entreno solo con un preparador personal», cuenta a La Voz. Le dedica entre seis a ocho horas al día y según los medios de su país «juega con una madurez por encima de la de su edad». Sus padres, ambos médicos, pasaron a atender consultas solo puntuales para dedicarse a su hijo, que tiene como referentes a Bobby Fisher y Anand.

Mientras, el número dos por ránking en Santiago es Christopher Woojin Yoo, de Estados Unidos, la delegación más numerosa -180 personas entre niños y acompañantes- junto a la española. «Entreno entre dos y cuatro horas al día. Claro que me gustaría ser Gran Maestro, pero todavía no puedo decir cuándo lo conseguiré», cuenta Yoo con una gran soltura. Su padre se gastó unos 5.000 dólares en viajar desde California y todo lo demás.

Pero para inversión, la de otro norteamericano, Xan Meister, que tiene como entrenador personal a Varuzhan Akobian, uno de los ilustres de su país. «Aquí hay jugadores muy talentosos y con muchas oportunidades en el futuro. Todo empieza aquí», subraya el Gran Maestro.

Otros nombres a destacar en la categoría sub-12 son Volodar Murzin (Rusia) y Arthur Guo (Estados Unidos). Mientras, en la sub-10 aparece Javier Habans, un pamplonés que acumula tres títulos nacionales en esta categoría y dos en sub-8. Para prepararse juega muchas veces contra él mismo en su habitación o por el ordenador. «Es muy tranquilo en las partidas, muy ambicioso y tiene mucha capacidad de concentración», valora su maestro, Javier de la Villa. Y entre los gallegos se puede destacar a Xulio del Prado, un vigués de 11 años que lleva ya un tiempo destacando a nivel nacional.

La jugadora más joven en la última Olimpiada, con solo 10 años, entre las participantes

Muchos están acostumbrados a tener patrocinadores y a dar entrevistas a medios de comunicación. Por eso no extraña el desparpajo de Samantha Edithso (Indonesia), que a sus 10 años fue la participante más joven en la Olimpiada celebrada en Georgia hace unas semanas. En Santiago parte como favorita en la categoría sub-10. «A los tres meses de empezar ya fui campeona y desde entonces siempre suelo ser la jugadora más joven», detalla.

A estos pequeños, sobre todo cuando se acercan a los 12, es habitual verlos jugar contra adultos. Un ejemplo de superioridad que se puede ver en el Gaiás es el de Miaoyi Lu (China), que como le lleva tanta ventaja a las otras niñas, juega en open, el apartado que agrupa a los chicos. De hecho, parte como séptima favorita de entre 135 competidores.

«Una experiencia valiosa»

El presidente de la Federación Española de Ajedrez, Javier Ochoa de Echagüen, resume, sobre el torneo, que «para todos es muy valiosa la experiencia de convivir con otros pequeños de tantos países, aunque falten algún día al colegio». «La imagen que estamos viendo en Compostela es espectacular, el esfuerzo que hacemos merece la pena», concluye.

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Un microcosmos lleno de prodigios