Fran González: «Me pierde ir de tapas por el centro»

Tres años en Barcelona y dos en Mánchester no han llegado para hacerle olvidar las costumbres gallegas


Hace cinco años hizo las maletas con toda su familia para acompañar a su hijo en su aventura azulgrana. Tres después acudió a la llamada de Pep Guardiola en el City para enrolarse en las categorías inferiores. Dos temporadas de experiencia fueron suficientes. Califica de «auténtico máster» este período, pero lo da por concluido. Su familia vuelve a necesitarlo. «Empieza una etapa muy importante para mi hijo y me necesita a su lado. Creo que la familia ya ha sufrido bastante mi ausencia y ahora toca volver», explica Francisco Javier González Pérez (Carreira, Ribeira, 1969). Cinco años fuera de Galicia en los que asegura haberse sentido muy cómodo e integrado, pero en los que no ha encontrado un placer mayor que ir de vinos o cañas una mañana cualquiera por Coruña. «Me pierde ir de tapas por el centro»

-Vuelve a casa. ¿La crisis de los casi cincuenta?

-Los cincuenta de ahora no son los de antes. Me queda un año aún (se ríe), pero ahora envejecemos más tarde. El volver no tiene nada que ver con eso. Se acabó una etapa y ahora empieza una muy importante para mi hijo. Tiene 17 años y es cuando debe tener claro su futuro. Y quiero estar ahí, para aconsejarlo y, sobre todo, apoyarlo, porque la decisión final será suya.

-¿Deja el Barça?

-No se sabe nada aún. Estamos en plena negociación, mirando cosas... Pronto se sabrá.

-A Coruña, Barcelona, Manchester... ¿Con qué ciudad se queda?

-En invierno, Barcelona y en verano, Coruña. En Manchester me mató el tiempo. Es terrible. Inviernos muy duros. Es una ciudad que me gusta, pero quizá el hecho de sentirme solo, también influyó. Y eso que hice buenos amigos. En cuanto a Barcelona, me parece un lugar maravilloso. Con un clima perfecto en invierno. En verano ya hace mucho calor. Así que en esa época, volver a Coruña, con la familia, los amigos y las cosas que tiene la ciudad. Me pierde ir de tapas por el centro. Empezar a las doce, tomar una cañita, luego un vino, pero siempre acompañado de tapas.

-Futbolista, entrenador y padre de futbolista, ¿en cuál de estas facetas se pasa peor en el campo?

-Sin duda como entrenador, porque no depende todo de ti y tienes que estar pendiente de muchas cosas. Como futbolista yo disfrutaba en el campo. Incluso en los peores momentos. Como padre, pues trato de divertirme con el partido. El resultado lo veo como algo secundario, me quedo con la esencia del fútbol que desprenden los chavales.

-¿Es de esos padres que siempre rajan en la banda?

-Para nada. Los partidos de Nico suelo verlos alejado del resto de padres. A mi bola y en silencio. Sí es cierto que soy muy exigente y perfeccionista. Siempre lo fui. Y, por eso, me fastidia cuando veo que hay equipos o jugadores, sean de la edad que sea, que pueden dar más de sí y no lo dan.

-¿Es muy exigente con su hijo?

-Sí. Lo reconozco. Pero también sé que tengo fama de pasarme. Y creo que eso no lo hago. No soy machacón, ni le pido nada que no pueda dar. Conozco sus condiciones y comento con él lo bueno y lo malo que hace. Nada más.

-Usted siempre fue muy bufón.

-No tanto. Lo que sí he sido siempre y soy es muy pesado. Y competitivo. Extremadamente competitivo. Por eso, insisto que me fastidia que muchas veces se desaproveche el potencial de un jugador o un equipo.

-¿Cuál ha sido el mejor entrenador que ha tenido?

-Por concepción futbolística, John Benjamin Toshack. Veíamos el fútbol de forma similar. Recuerdo que hicimos una pretemporada en la que nos divertimos mucho entrenando y jugando. Luego, llegó el 4-0 en San Lázaro y creo que perdió un poco el norte. Pero el fútbol no es solo táctica. También hay que saber manejar vestuarios, situaciones. Y ahí, creo que se merecen una mención especial Arsenio e Irureta. El primero por todo lo que sembró y el segundo por cómo supo reconducir una situación muy difícil que había cuando llegó. Futbolísticamente, estoy lejos de ellos, pero también tiene mucho valor lo que ellos hacían.

-Cuando era futbolista, si había un partido que tenía marcado en rojo era el del Celta. ¿Con el tiempo se pierde esa pasión por los derbis?

-La pasión no se pierde. Lo que quizá no sea tan fanático, ni tan descerebrado. Las semanas de los derbis eran tremenda. El sentimiento. Yo lo mantengo. Pero ya le digo que sin ese fanatismo. Pero me duele ver que el Celta le gane al Dépor aunque sea la categoría más pequeña. Y me duele ver que hay un Mundial en el que está un futbolista suyo y nosotros no tenemos ninguno. Y, sinceramente, creo que me moriré así

-Ahora que se habla tanto de amaños y demás adulteraciones de resultados. ¿Alguna vez han intentado comprarlo?

-Nunca en la vida me he dejado ganar. Es que, conociéndome, es imposible pensar lo contrario. Pero si me duele perder hasta contra mi hijo.

-No ha respondido a la pregunta. No se ha vendido, ¿pero han intentado comprarlo?

-Como diría el expresidente del Gobierno: «Fin de la cita». Solo añadiré que los gallegos sabemos que las meigas habelas hailas.

En corto

-¿Qué coche tiene?

-Un Mercedes todoterreno pequeño.

-¿Usa reloj?

-Tengo un montón. Pero nunca he sido capaz de llevar nada en las muñecas ni en los dedos.

-¿Una comida?

-Tengo mucho vicio con la comida. Imposible elegir una.

-¿Una bebida?

-Pues un buen vino o cava.

-La última tarea que ha realizado en casa ha sido...

-Barrer, fregar, recoger la mesa... Colaboro diariamente en las tareas del hogar.

-¿Cocina?

-Nunca me gustó. De hecho cuando vivía o no comía en casa o tiraba de lo fácil.

-¿Una película?

-«El padrino». No me canso de verla.

-¿Qué tipo de música escucha?

-Me dejo llevar por los éxitos del momento.

-¿Con quién se iría de cañas?

-Con mis amigos. Pero ya le digo que tendrían que ir acompañadas de buenas tapas. Eso en Galicia lo hacemos muy bien.

-Para informarse, ¿prensa, radio o televisión?

-La radio en el coche, la tele para ver fútbol y la prensa digital para informarme.

-¿Es creyente?

-Bah, lo normal.

-¿Qué es lo más duro que le han dicho en un campo?

-Te dicen de todo. Y no le diré que no lo oía porque cuando ibas a sacar de banca claro que escuchabas pero no recuerdo nada en concreto.

-¿Una respuesta al insulto?

-Pues seguro que muchas. Algún gesto, algún reproche...

-Si en sus tiempos hubiera tantas cámaras...

-Pues tendría que adaptarme o no acabaría un partido.

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