En el Masters como en la Ryder

Patrick Reed, brillante cuando defiende a Estados Unidos ante Europa, llega líder al desenlace en Augusta, en busca de su primer «grand slam»


REDACCIÓN / LA VOZ

Patrick Reed nació en San Antonio hace 27 años. Y su sangre caliente y su talento lo convirtieron en uno de los jugadores más valiosos para Estados Unidos en las dos últimas ediciones de la Ryder Cup. Su juego solía estar por encima de su competitividad en los grand slams, sin un puesto siquiera entre los diez mejores. Pero después de 14 intentos, su rendimiento dio un vuelco el pasado agosto, cuando empató en la segunda plaza del PGA de Quail Hollow. Algo comenzó a encajar. Ayer, Reed se marchó a dormir como líder del Masters de Augusta después de una exhibición que incluyó un par de eagles para firar una tarjeta de -5 en el día para -14 en total (Movistar Golf, 20.00). Le siguen a tres impactos el norirlandés Rory McIlroy, a cinco el estadounidense Rickie Fowler y a seis el español Jon Rahm.

En las dos primeras jornadas del Masters Reed había encadenado golpes y golpes de campeón, hasta terminar el viernes como líder con -6, con un impacto de ventaja sobre el australiano Marc Leishman, cuatro sobre el sueco Henrik Stenson y cinco sobre McIlroy. Cumplía Reed con el camino canónico para optar a la chaqueta verde, arañar golpes en los pares 5. Lo hizo en todos durante esos dos primeros días. Su doble paso por el 2, 8, 13 y 15 se había traducido en ocho birdies. Establecido el corte y asumido su papel de líder, ayer pareció aflojar al inicio de su vuelta, sobre un campo pesado -y largo-, pero más receptivo -y por tanto jugable- en los greenes. Porque solo firmó el par en ese 2 asequible y se dejó un bogey en el 3. Por detrás esperaban su fallo tipos muy curtidos bajo presión. Además de Stenson y McIlroy, asomaban Jordan Spieth, Dustin Johnson, Justin Thomas, Bubba Watson, Justin Rose... Todos con la experiencia de haber ganado algún grande.

Tenía entonces que sentir el aliento en el cogote Reed. Y lo que hizo fue encadenar birdies en los hoyos 5, 8, 9 y 10. Respondió con entereza, pese a que McIlroy llegó a darle caza. Este, que iba una partida por delante del estadounidense, le igualó gracias a un eagle en el 8 con la ayuda milagrosa de la bandera. En aquel momento había empatado de forma efímera con el jugador de San Antonio. Pero la respuesta, en el mismo green, llegó apenas un cuarto de hora después. Estados Unidos contra Europa, otra vez. La rivalidad que enciende a Reed.

El tiempo, que amenazaba tormenta, apenas descargó un chaparrón. Le cogió a Reed en el corazón del Amen Corner, en el temible 12. Y para capear la situación, tiró de un complemento fetiche. El paraguas de la Ryder Cup de Hazeltine 2016.

A su bola todavía le restaban otros dos eagles más. En los pares 5 que quedaban por jugar, claro, el 13 y el 15, con los que compensó los borrones del 12 y el 16.

El otro protagonista del sábado fue Rahm, con una tarjeta sin un solo fallo, con cinco birdies y un eagle. Cada vez más cómodo en un campo que comienza a entender, se ganó el derecho a soñar con una tarjeta verde sobre sus hombros cuando termine esta tarde.

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