El Dépor se ciñó al plan y arrebató la pelota al Celta, pero no supo qué hacer con ella
24 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Todos querían la pelota. La pidieron en la sala de prensa y en el campo. Exigieron tenerla para ganar con ella. Se convencieron de que su posesión haría al Dépor mejor que el Celta. Tanta era la fe y el empeño que consiguieron arrebatarle el cuero al cuarto que más lo había manejado hasta la jornada 17. El balón fue de los de casa y con él en los pies murieron.
A los celestes les sobró con el 45 % del tiempo para convertirse en la escuadra que más anota a domicilio y demostrar por qué casi nadie encaja tanto como el Dépor. Tres tiros a puerta, tres dianas. Efectividad absoluta en los errores groseros. Primero, de Adrián, que prologó su despropósito ofensivo perdiendo la marca en el primer centro lateral del duelo. Después pifiaron al alimón Sidnei y Schär; y más tarde fue Rubén el que sacó la manopla a destiempo. Cita decidida por lo que pasó sin el esférico.
Lo que sucedió mientras lo movía el Deportivo apenas tuvo trascendencia. No se produjeron pérdidas graves en el inicio de jugada, pero el toque solo consiguió trasladar la acción a la medular; a partir de ahí y hasta la línea de gol apenas ocurrió nada bueno. Fracasaron los extremos, que llegaron a hartarse de ineficaces uno contra uno y acabaron tendiendo al centro, provocando un atasco fácil de resolver para la zaga rival, que llegaba bajo sospecha. Las bandas pasaron entonces a poder de los carrileros, que se encontraron sin apoyo cada vez que quisieron apurar la línea. Se registraron diez centros malos por solo uno bueno.
No hubo un solo apartado estadístico en el que se impusiera el Celta, exceptuando el que se registra en el marcador: anotó tres veces, encajó una. Se despegó a seis puntos y dejó hundido al vecino, que no solo pasará la Navidad y el cambio de año en descenso, sino que ve discutida su última fórmula. La mezcla de Guilherme, Borges y Çolak tampoco es la buena. Ni Lucas aislado en punta. Andone salió, marcó y abrió huecos. Sin embargo, tampoco dio la impresión de que la solución pase por el rumano, porque no es tanto la falta de gol, sino de solidez, el principal problema. Con la pelota o sin ella.