Guantes gallegos tras seis décadas

x. r. c. / p. j. b. / a. c. REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Por sexta vez en la historia de los derbis en Primera, las porterías de Deportivo y Celta estarán defendidas por gallegos. Rubén Martínez y Rubén Blanco toman el testigo que en 1957 dejaron Padrón y Otero

20 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

3 de febrero de 1957, Balaídos. Ramón Padrón defiende la portería del Celta y Juan Ignacio Otero la deportivista. Aquello terminó en empate a un gol y desde entonces ningún derbi en la máxima categoría puso a dos porteros gallegos frente a frente. Sucederá con toda probabilidad el sábado cuando Rubén Martínez y Rubén Blanco se coloquen bajo los palos. Para los dos será, además, su primer clásico galaico como titular. En el caso del mosense, después de presenciar cinco desde el banquillo. En Segunda División, para encontrar el precedente más cercano, hay que remontarse hasta el infame curso 79/80, cuando los dos terminaron descendiendo a Segunda B: Hortas y Buyo defendían el orgullo galaico.

A este punto de encuentro se llega seis décadas después en Primera por el cambio de tendencia en el Deportivo, que no tenía un portero autóctono con el cartel de primer espada en un derbi desde abril de 1973. Rubén Martínez recoge el testigo de Eduardo Seoane, un coruñés que defendió el arco blanquiazul entre 1970 y 1976. Jugó tres derbis. El último, con derrota por la mínima. En Segunda la secuencia galaica la cierra por el momento Jorge, que disputó su último clásico el 6 de junio de 1987 (0-1, gol de Baltazar). El segoviano Maté era su oponente céltico.

El Celta hace tiempo que viró esa tendencia. Los celestes acumulan cuatro temporadas confiando la portería a gente de la casa. El catoirense Sergio Álvarez ha disputado los últimos seis derbis, convirtiéndose en actor principal de uno de ellos (en septiembre del 2014 al detener un penalti a Mendujanin en el último minuto). Para encontrar un portero foráneo en el bando celeste en O Noso Derbi hay que remontarse a abril del 2013 con el sevillano Javi Varas bajo palos.

En esta ocasión será Rubén Blanco el que tome la alternativa y se estrene en un derbi. El mosense lo hace en un buen momento y en la que parece la temporada de su consolidación definitiva. Si no se tuerce el guion, en Riazor jugará su undécimo partido el Liga, igualando su tope en una competición regular desde que llegó a la primera plantilla celeste. Blanco Veiga firmó partidos notables en el Camp Nou, con un par de excelentes paradas a Messi, y en Mestalla, en donde estuvo a punto de parar el penalti a Dani Parejo. Y el domingo ante el Villarreal también sacó un par de manos prodigiosas, aunque estériles.

Lo mismo puede decirse de su tocayo Rubén Martínez en el bando blanquiazul. Recuperó la titularidad en la duodécima jornada tras salir de la lesión y en plena efervescencia del debate en la portería del Deportivo, pasó un mal momento tras una mala tarde en Sevilla y el domingo se doctoró en el Camp Nou con un recital -penalti incluido- que no pudo impedir la goleada, pero sí le cargó de confianza para la contienda del sábado.

Los dos protagonizarán el sexto derbi de la historia en Primera con dos guardametas gallegos bajo palos. Los tres primeros llegaron en el fútbol de la postguerra (entre 1941 y 1943) con el mítico Acuña en el bando deportivista y Bermúdez, otro clásico, en el vigués. De los cuatro primeros derbis, se enfrentaron en tres.

Acuña fue capaz de aguantar diez años para protagonizar también el cuarto. Ya en 1953 y con Manuel Pazos, un cambadés que acabó haciendo carrera en el Atlético de Madrid, como oponente. Acuña se despidió de los derbis con un 1-3 en Balaídos.

El quinto y último precedente en la élite llegó cuatro temporadas después porque el Celta había encomendado sus guantes a los foráneos Adauto Iglesias y Vicente Dauder mientras que en el Deportivo estaba afianzado Juan Ignacio Otero, el coruñés que defendió las redes de Riazor de 1951 a 1958. Mauro le marcó el último gol en un clásico, el de marzo de 1957, e Irusquieta empató a falta de tres minutos batiendo a Padrón, un ciudadano de A Pobra do Caramiñal que estuvo ocho temporadas en el Celta antes de mudarse al eterno rival.