Toro embiste su desafío del 2017

El oro olímpico cambia de distancia y afronta el Mundial en un K4 500 con el gallego Rodrigo Germade y el campeón de Río Marcus Cooper


REDACCIÓN / LA VOZ

Después del oro olímpico, la vida de Cristian Toro entró en una espiral de cambios. De ciudad, distancia, entrenamientos, compromisos... Con el respaldo del título de campeón en K2 200 en Río 2016 afronta esta semana en Racice la cumbre de una temporada de transición. La cita de la República Checa supone el gran examen a su barco nuevo, el K4 500. Toro figura en la segunda posición de un kayak que comparte junto al zamorano Carlos Garrote, el mallorquín Marcus Cooper Walz y el cangués Rodrigo Germade, finalista en Río.

Después de los Juegos, las federaciones renuevan barcos, cambian palistas y empiezan pruebas. Esta vez la transformación afecta directamente a Toro. Formó un K2 200 invicto junto a Saúl Craviotto, pero el barco desapareció del programa olímpico de Tokio 2020. Así que sus principales opciones pasaban por el K4 500 y el K1 200. Y la temporada se convirtió en un constante cambio: «Comencé a entrenar a mediados de octubre en Trasona [Asturias], como siempre, pero luego en enero empezaron las concentraciones en Sevilla para ir probando barcos y al final terminamos preparándonos en Madrid».

En el centro de alto rendimiento asturiano, Toro había encontrado las condiciones óptimas para entrenar y un entorno tranquilo, pero la federación fusionó sus dos principales grupos de kayakistas en un mismo equipo, que fue cambiando de base de entrenamientos. Las últimas semanas las pasó sobre todo en Madrid. Toro regresó así a la residencia Joaquín Blume, donde ya había estado cinco años en su etapa de formación. Para bien y para mal. Dispone de los servicios del centro de alto rendimiento, pero la pista del embalse de Picadas, junto a la sierra de Gredos, se encuentra a una hora en coche de la Blume. Un entorno tranquilo pero incómodo. «Sevilla y Trasona reúnen mejores condiciones. Ahora estamos allí solos con los corzos y jabalíes», bromea Miguel García, que comparte la dirección de los kayakistas de la selección con Luis Brasero. La plata de mayo en la Copa del Mundo de Szeged (Hungría) confirmó el potencial del barco, justo el mismo K4 de este fin de semana. Una buena mezcla. «Garrote aporta velocidad al barco, Marcus destaca por su determinación y competitividad y Germade cuenta con una gran capacidad de adaptación a diferentes distancias», resume Toro. El año que viene otro candidato a plaza será el cuatro veces medallista olímpico Saúl Craviotto. «El K4 puede ser el buque insignia del piragüismo español. No creo que haya ningún rival con tres campeones olímpicos», confirma García sobre la posible coincidencia de Toro, Cooper y Craviotto.

Por ahora, Toro tira de prudencia: «No queremos fiarnos de esa referencia porque faltaban algunos países. Al barco que disputó el Europeo le fue mal y eso nos bajó a todos de la nube. El primer objetivo es pasar a la final». Su entrenador, al que todos llaman El Abuelo, joven pero con lustros de experiencia en la élite, admite con naturalidad la expectativa de medalla. «El objetivo es el podio, sí. Aunque los alemanes, húngaros, checos y franceses tienen un nivel muy alta», matiza.

El nuevo kayak le exige un esfuerzo sostenido y entrenamientos más largos

Del esfuerzo explosivo de 31 segundos, 80 paladas a ritmos máximos que conllevaba el K2 200, Toro se adapta ahora a una prueba de un minuto y 18 segundos. «Los entrenamientos son algo diferentes, con más cargas en cuanto a volumen y trabajo a menor intensidad», explica el vivariense. Y su técnico matiza: «También se debe a que trabajamos a largo plazo, pensando en un ciclo que termina en el 2020 en Tokio. Por eso este año hicimos una base para el futuro».

Similar adaptación a Toro lleva Garrote, mientras que Cooper y Germade, al venir de pruebas de mil metros, viven la transformación contraria, en busca de chispa. «Los dos de delante tienen más potencia y velocidad, y los otros más resistencia. Pero el acoplamiento de todos es lento. Este barco está por formar del todo», matiza el entrenador español.

«Las condiciones de Germade, en realidad, estaban a medio camino entre las pruebas de 500 y de mil metros. Así que su evolución fue sencilla», entiende García sobre el palista de Cangas, diploma en Río en K4 1.000.

«El título olímpico cambió muchas cosas, sí. El reconocimiento al trabajo es mayor, y la valoración de lo que haces. Además el oro me permite trabajar más tranquilo. Ya no se puede conseguir nada más grande, ahora ya solo puedes repetir», razona.

En una temporada de tantos cambios, y pese al acuerdo de patrocinio de la Universidad Católica de Murcia, Toro siguió compitiendo bajo los colores del Fluvial de Lugo, que lo lanzó cuando era un niño. «Quería seguir con el club en el que crecí y donde más a gusto me siento».

Con su prioridad en el K4 500, que empieza el viernes, Toro también disputará sin ninguna presión el K2 200 con Garrote como compañero.

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