El dopaje en Brasil


El 10 de junio, la televisión alemana emitía el reportaje «Doping Top Secret: Brazil´s Dirty Game», en el que los periodistas Hajo Seppelt, Florian Riesewieck y Thilo Neumann se adentraban en el oscuro mundo del dopaje. En esta ocasión, Brasil. La supuesta relación de Roberto Carlos, ex del Real Madri y campeón del mundo con Brasil en el 2002, con el médico brasileño Julio César Alves y sus prácticas de dopaje, captaron la atención de los medios internacionales y, a su vez, eclipsó el resto del contenido del reportaje. La televisión alemana ponía de manifiesto, en una historia casi en segundo plano, la realidad de la lucha contra el dopaje en el país organizador de los últimos Juegos; una realidad que podría ser trasladada a escenarios más cercanos a nosotros.

Un médico dedicado a tratamientos de dopaje de deportistas de todos los niveles, nacionales e internacionales, conocido por todos y al que nadie expedienta, nadie sanciona, nadie detiene. Una investigación de la organización nacional antidopaje, en este caso, la Brasileña ABCD que aporta evidencias a la Fiscalía y que, no obstante, se pierde en los despachos. Un mercado negro que pone al alcance de cualquiera un menú de sustancias prohibidas de forma inmediata y a precios populares. Un sistema de recogida de muestras con agentes de control de dopaje sin la preparación adecuada y en el que se facilita la manipulación de las muestras de orina, convirtiendo el control en la mejor herramienta para ocultarlo, en lugar de detectarlo.

Una situación que llama la atención si se considera la inversión realizada por Brasil ante la celebración de los Juegos: reforma de las leyes; creación de una nueva organización nacional (ABCD), con la incorporación de un consultor internacional de prestigio; y una completa renovación del laboratorio de control de dopaje de Río con nuevas instalaciones y equipamiento.

Probablemente nadie pensó que la ABCD llegase a implementar un auténtico programa antidopaje. Luis Horta, el consultor internacional, explicaba en una entrevista en O Estado de Sao Paulo las consecuencias de ese programa puestas de manifiesto en las quejas del director ejecutivo del COB, disconforme con los controles fuera de competición y con el sistema de localizaciones o en las dificultades que el ministerio ponía para los viajes de los agentes o la exigencia de informar previamente de la identidad de los deportistas que iban a pasar control, así como lugar, fecha y hora.

Pero las consecuencias reales se pusieron de manifiesto cuando la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) suspendió por motivos técnicos el laboratorio de control de Rio. El nuevo ministro de deportes del gobierno de Temer pudo justificar de esta forma el cese del secretario nacional para la ABCD, Marco Aurelio Klein, haciéndole responsable de un error técnico en un laboratorio que no dependía de él y que ni siquiera estaba en la misma ciudad que la ABCD. Con Klein fuera de la ABCD, los deportistas brasileños no pasaron más controles previos a los Juegos.

La ABCD había entrenado a los agentes que realizarían los controles durante los Juegos (130). Ninguno participó y se seleccionó a otros. El Informe del Equipo de Observadores Independientes de la AMA sobre el programa antidopaje de los JJOO fue contundente: «Fallos graves». Deportistas que no pasaron control porque no podían ser localizados; se anularon más del 50 % de los controles; unas 100 muestras no pudieron ser asociadas al deportista correspondiente; sin controles fuera de competición en fútbol.

El responsable del control de dopaje en Río 2016 era Eduardo Henrique de Rose. Referencia del antidopaje, ahora bajo sospecha por haber supuestamente falsificado documentos para favorecer a una determinada empresa de toma de muestras en su período como secretario ejecutivo de la organización predecesora de la ABCD, ligada al COB. El propietario de esa empresa era Alexandre Nunes, actual director de operaciones de la ABCD y los actuales propietarios de la empresa son sus hijos.

Si antes fue Rusia y sus JJOO de Invierno de Sochi 2014, ahora es Brasil y Río 2016. Los dos bajo sospecha por dopaje. La actual reforma del sistema antidopaje internacional debe orientarse precisamente a esto: a que no sean las propias autoridades deportivas, bajo la premisa de ganar a cualquier precio, las que corrompan su propio deporte.

Enrique Gómez Bastida fue director de la Aepsad, la Agencia Española Antidopaje

«Si antes fue Rusia y sus Juegos de Invierno de Sochi 2014, ahora es Brasil y Río 2016. Los dos bajo sospecha»

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