El dopaje en Brasil

Enrique Gómez Bastida

DEPORTES

31 jul 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

El 10 de junio, la televisión alemana emitía el reportaje «Doping Top Secret: Brazil´s Dirty Game», en el que los periodistas Hajo Seppelt, Florian Riesewieck y Thilo Neumann se adentraban en el oscuro mundo del dopaje. En esta ocasión, Brasil. La supuesta relación de Roberto Carlos, ex del Real Madri y campeón del mundo con Brasil en el 2002, con el médico brasileño Julio César Alves y sus prácticas de dopaje, captaron la atención de los medios internacionales y, a su vez, eclipsó el resto del contenido del reportaje. La televisión alemana ponía de manifiesto, en una historia casi en segundo plano, la realidad de la lucha contra el dopaje en el país organizador de los últimos Juegos; una realidad que podría ser trasladada a escenarios más cercanos a nosotros.

Un médico dedicado a tratamientos de dopaje de deportistas de todos los niveles, nacionales e internacionales, conocido por todos y al que nadie expedienta, nadie sanciona, nadie detiene. Una investigación de la organización nacional antidopaje, en este caso, la Brasileña ABCD que aporta evidencias a la Fiscalía y que, no obstante, se pierde en los despachos. Un mercado negro que pone al alcance de cualquiera un menú de sustancias prohibidas de forma inmediata y a precios populares. Un sistema de recogida de muestras con agentes de control de dopaje sin la preparación adecuada y en el que se facilita la manipulación de las muestras de orina, convirtiendo el control en la mejor herramienta para ocultarlo, en lugar de detectarlo.

Una situación que llama la atención si se considera la inversión realizada por Brasil ante la celebración de los Juegos: reforma de las leyes; creación de una nueva organización nacional (ABCD), con la incorporación de un consultor internacional de prestigio; y una completa renovación del laboratorio de control de dopaje de Río con nuevas instalaciones y equipamiento.