Un salto al vacío


Los Juegos de Barcelona 92 no solo supusieron el éxito colectivo de todo un país. España organizó un show gigantesco que le convalidó definitivamente como una potencia emergente, moderna y fiable. A la fiesta le sucedió una dolorosa crisis económica. La resaca de un evento ejemplar duró tiempo. Y el paso de los años fue destapando también que las medallas, los diplomas y los récords llegaron, en el fondo, como consecuencia de un enorme sacrificio personal. Faltaba una estructura que cuidase no solo los años de esfuerzo en la pista sino que preparase también para los atletas para el día después de dejar la competición.

El país había sido un páramo a nivel deportivo durante la dictadura, y el Plan ADO claro que significó una refrescante revolución. Se ficharon entrenadores extranjeros de referencia, se invirtió dinero para respaldar la dedicación de los deportistas... pero se olvidó el futuro de las personas. Durante décadas, los olímpicos gallegos se entregaron al horizonte mítico de Barcelona sin que su verdadera profesión, el deporte, cotizase un duro. Casi como un salto al vacío. Un error que corrige el decreto de venta centralizada de derechos televisivos del fútbol al destinar partidas a la Seguridad Social de los deportistas de alto nivel.

Un deportista gallego en Tokio 64, cuatro en Múnich 72, diez en Seúl 88... En Barcelona llegó la explosión. En realidad fueron un grupo de pioneros prácticamente altruistas que abrieron las puertas a la edad de oro de los Cal, Pereiro, Raña, Paz, Gómez Noya, Echegoyen, Perucho, Portela, Toro... Cada uno de nuestros 19 olímpicos del 92, ejemplo de superación para toda una generación, eligió como distribuir su tiempo y sus expectativas durante su etapa de formación. Muchos encontraron luego una vida profesional plena, pero a otros les faltó un respaldo oficial eficaz que acompañase su dedicación a los Juegos y su futuro laboral. Se dejaron la vida por dignificar la reputación deportiva de Galicia y varios encontraron el vacío cuando se descalzaron las zapatillas. Un error que exige una rectificación para el futuro.

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