Un intruso en el All Star

El pívot georgiano, el menos talentoso de Golden State, se cuela entre los favoritos a la gran fiesta de la NBA


«¿Creéis que fue un hackeo?» Con la que está cayendo en Estados Unidos, a Zaza Pachulia no se le ocurrió una explicación mejor a la avalancha de votos que amenazan con poner en el All Star del próximo febrero al jugador menos talentoso del quinteto inicial de los Golden State Warriors. Pachulia, un georgiano de 32 años que se aplica en diferentes escuelas de negocios para obtener su máster mientras apura su carrera en la NBA, debe de ser consciente del contexto político que le envuelve, pero más aún del baloncestístico: el rocoso pívot sabe que no es una estrella, pero en los Warriors conoce su rol y sabe que lo valoran donde importa.

A medio camino entre el orgullo nacional de Georgia y el trolleo en redes sociales, Pachulia se ha convertido en el segundo jugador interior más votado de la Conferencia Oeste para jugar el Partido de las Estrellas en Nueva Orleans. Pero las votaciones ya solo son el 50 % de lo que se necesita para ser All Star. La opinión de entrenadores y jugadores compondrán el restante 50, y ahí es improbable que Zaza sea tan popular. La NBA implantó esta norma, que el Warrior Draymond Green bautizó como la «ley de Zaza», para evitar estas excentricidades.

Pachulia juega apenas 18 minutos por noche, con 5 puntos y 5 rebotes de promedio. Muy lejos de las cifras de DeMarcus Cousins o Marc Gasol, a los que supera en votos. «No me preocupa la fama o el dinero que supone el All Star, solo agradezco el cariño», dice estos días. Tras 12 años en la NBA, parece importarle mucho las dosis de autoestima que está recibiendo en su etapa reciente, primero con los Dallas Mavericks y ahora con los Warriors. Pachulia no es un tipo espectacular: no salta, no hace mates, no pone grandes tapones. Su peinado pasado de moda y una pronunciada frente que le confiere un aspecto frankensteiniano hacen de su físico un cliché del pívot grandote de la Europa del Este.

En Atlanta se reivindicó como jugador tras un paso corto por los Milwaukee Bucks. Pero fue en su única temporada en los Mavericks donde Pachulia se sintió un jugador de élite: «Nunca había jugado con veteranos como Dirk Nowitzki. Cada vez que hacía una buena jugada, el entrenador me decía: ‘Bien hecho’». Promedió 9 puntos y 8 rebotes y, el pasado verano, se frotaba las manos a la espera de su último gran contrato. En cambio, aceptó 2,6 millones de los Warriors, seducido por la posibilidad de ser campeón. «Cuando lo fichamos, estaba casi tan contento como cuando llegó Durant», dijo Steve Kerr.

Los Warriors valoran la dureza que ofrece Pachulia a un equipo de estilistas, su capacidad reboteadora, su aceptable habilidad pasadora y sus duros bloqueos. «Parece fácil jugar con superestrellas, pero no lo es», explicaba Pachulia al escuchar murmullos cada vez que cometía un error en sus primeros partidos. Ahora, se atreve con pases sobre su cabeza desde campo propio para un contraataque de Curry. Su autoestima agradece más los cumplidos de su entrenador que los cientos de miles de votos de Internet.

 

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