Javier Gómez Noya y Teresa Portela: «Nos sentimos más valorados»

Los dos emblemas del deporte gallego recuerdan sus vivencias de este año y hablan sobre la repercusión del deporte en Galicia


Redacción / La Voz

Hay un ligero murmullo de fondo. La luz grisácea de una mañana de final de año se va colando por las cristaleras del Savoy y el local se empapa poco a poco de ese ambiente melancólico que sobreviene cuando toca mirar atrás. Pero no se alarmen: hoy no viene José Luis Alvite a la cita ni saldrá a recibirnos Ernie Loquasto. Es de día y la conversación gira en torno al deporte. En un rincón de la plaza de la Peregrina, en pleno centro de Pontevedra, Javier Gómez Noya y Teresa Portela están sentados en la misma mesa. En los días de tregua en los que ahora viven, sin la preocupación de una gran cita en el horizonte, son dos personas a las que les cuesta desprenderse de una sonrisa. Y pronto la conversación se engrasa.

«Mi año creo que se resume rápido». Rompe el hielo Javier mientras la cara se le viste con una inconfundible mueca de resignación.

-¿Ni siquiera el Europeo sirve para amortiguar esa decepción?

-Javier Gómez Noya: En otra temporada sería un título importante, que lo es, pero es cierto que este año todo estaba enfocado a los Juegos y después la fractura ni siquiera me permitió competir. Así que hice el Campeonato de Europa y la carrera de las Series Mundiales de Leeds y poco más.

-Teresa Portela: Cuando me dijeron lo de Javi no me lo podía creer. Estaba en el Centro de Tecnificación y mi fisio me mandó un mensaje al móvil y rápidamente subí a ver a Huelín [el médico del Centro y una persona muy cercana a Gómez Noya] para que me dijese si era verdad. Era difícil de creer porque era nuestra gran esperanza para conseguir una medalla. Todas las miradas parecían puestas en él y empecé a leer y vi que había sido una caída tonta...

-J. G. N.: Iba tan despacio que cuando me levanté me dolía un poco, pero en ningún momento pensé que me había roto nada. Llegué a casa y me puse hielo. Y justo me estaban esperando para un control antidopaje y se lo comenté al chico que me hacía el control. Y me dijo: ‘Si aún no te duele demasiado, no creo que esté roto’. Pero en cuanto saqué el hielo y empezó a calentarse el brazo otra vez, la movilidad se fue reduciendo. Y pensé: ‘Voy a subir al hospital, porque esto no pinta bien’. Y al final fue una fractura gorda, con desplazamiento,... hubo que operar y la recuperación ha llevado su tiempo.

-Y le tocó ver los Juegos Olímpicos desde casa.

-J. G. N.: Como un espectador más. Ya hacía tiempo... desde Atenas... y todo se ve diferente. La que no se acuerda de ver Juegos por la tele es Teri...

-T. P.: La verdad es que no. De los del 96 ni siquiera tengo recuerdos... creo que era muy niña [suelta una carcajada]

-Cinco Juegos, cinco diplomas, todo un ejemplo.

-J. G. N.: Para mí eso es lo más complicado que hay. Para estar en Sídney ella se ha enfrentado a unas rivales totalmente diferentes a las que se está midiendo ahora. Ha competido con nuevas generaciones, que, generalmente, vienen mejor preparadas, porque el deporte va evolucionando. El hecho de que siga estando en lo más alto 16 años después quiere decir que ha sabido adaptarse y mejorar su rendimiento para poder estar a ese nivel. Esa regularidad tiene un mérito tremendo.

-Y, poco a poco, se han convertido en veteranos.

-T. P.: Yo me encuentro muy bien, pero sí que es cierto que en mi grupo del Centro de Tecnificación ahora vienen chicas de 14 años y noto mucha diferencia con ellas en ciertos aspectos, pero mi espíritu no es de veterana. Lo que sí estoy notando es que en mi club ahora hay un montón de gente que está volviendo a entrenar todos los días. Tengo una compañera con la que empecé con nueve años y que lo dejó y ahora se volvió a reenganchar y me hace ilusión pensar en probar un K-2 con ella.

-J. G. N.: Todo ha sido muy rápido. He pasado de ser joven a ser mayor. En Londres aún era de los jóvenes. Había mucha gente mayor que yo y, de repente, después de esos Juegos, la mayor parte se pasó a la larga distancia y así me convirtieron en veterano. Y aún el otro día vi que Steffen Justus, que era un año mayor que yo, también se retiraba y dije: ‘me están dejando solo aquí’. Ya no hay nadie de mi edad en las listas de salida.

-T. P.: A mí aún me acompañan algunas de mi quinta... pero es muy divertido porque me acuerdo de cuando tenía 18 años y veía a gente de treinta y pico y te ganaba y decías: ‘¡Qué hace esta aquí... no podía estar en su casa!’. Y ahora lo pienso y digo: ‘seguramente estén diciendo lo mismo de mí’.

-J. G. N.: La realidad es que yo rindo mejor ahora que cuando tenía veintipico. Los tiempos que hago en los entrenamientos no mienten, pero está claro que tienes que saber adaptarte, porque tu cuerpo no es el mismo... tarda más en ponerme en forma... Pero en mi caso particular, después de estar parado por la lesión, tengo la sensación de que me quiero volver a comer el mundo.

-T. P. : Yo estoy en otra fase... estoy como si hiciese bluf.

-J. G. N.: ¡Espera a que te rompas un brazo y ya verás!

-T. P.: Es que creo que somos los dos ejemplos opuestos. Porque para mí estos Juegos me han supuesto un estrés especial. Tenía a la niña e iba de un lado al otro sin parar. Y si ella no dormía bien, pues tampoco descansaba. Entonces ahora me lo quiero tomar con algo de calma. Estoy haciendo la pretemporada sin apretar demasiado. Por el momento, el Europeo y el Mundial quedan muy lejos.

-J. G. N.: A mí me gustaría empezar bien el Mundial ITU. He tenido más tiempo para descansar y, como comencé a entrenar antes, estoy mejor de forma que otros años.

-¿La repercusión del deporte ha crecido en la sociedad?

-T. P.: Sí, creo que influye que ahora la gente tiene más conciencia de la salud. Y ves mucha gente que empieza con cuarenta años. Contaba antes el caso de mi club, en el que muchos veteranos también han vuelto a subirse en una piragua.

-J. G. N.: Ahora es como una moda. Y bendita moda. Siempre que se haga con responsabilidad. No se puede pasar de cero a hacer un Ironman. Pero es cierto que la sociedad ha evolucionado en este sentido y los deportistas cada vez nos sentimos más valorados.

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