Phelps desea la vida de Jordan

El deportista con más medallas olímpicas no contempla un regreso


FERROL / LA VOZ

Como es habitual en la constelación de estrellas del deporte, Michael Phelps ha necesitado retirarse en más de una ocasión para alejarse definitivamente de la competición. Después de anunciar que lo dejaría tras los Juegos Olímpicos de Londres, apareció cuatro años después en Río de Janeiro y engordó su palmarés con cinco oros y una plata más. Sin embargo, aunque todavía hay muchos que no lo creen -o no lo quieren creer-, el estadounidense parece haber dado el paso definitivo a su adiós: el pasado mes de noviembre anunció la retirada de su nombre de los próximos programas de test anti-dopaje, lo que le impide competir con la élite. A la figura más importante que ha dado la natación mundial le ha ocurrido algo semejante a lo que le pasó al más grande del baloncesto, Michael Jordan, que dejó las pistas en 1993, 1999 y, finalmente, en 2003. El ex de los Chicago Bulls es ahora, precisamente, un espejo para el tiburón de Baltimore.

En la que puede denominarse su nueva vida, Phelps pretende convertirse en un businessman, es decir, un hombre negocios. El jugador de baloncesto impulsó la marca Air Jordan que, solo en el último año, generó 2.800 millones de dólares para Nike. Aunque a una distancia considerable, el nadador pretende agrandar su propia firma, MP, con la que ya vistió en Río. «Siempre me gustó como lo hizo Jordan, tanto en la pista como en su transición hacia los negocios, que es la misma que pretendo ahora con MP. Cada noche pasan muchas ideas por mi cabeza», contó el multimedallista a Yahoo Finance. Pretende expandir bañadores con diseños vanguardistas y conseguir que los lleve alguna potencia mundial en activo.

No obstante, el futuro de Phelps no es un camino de una sola dirección. Continúa ligado a numerosas marcas comerciales para las que no ha perdido un ápice de imagen aunque su carrera deportiva haya concluido. La fortuna del estadounidense, según algunas estimaciones, ronda los 55 millones de dólares. Parte de la misma la dedica a su fundación, a través de la que 15.000 niños han tenido la oportunidad de practicar su deporte, al igual que su tocayo baloncestístico, que preside la James Jordan Foundation. Entre otras similitudes, también comparten el carácter especial del número 23: para uno, el dorsal con el que triunfó, para otro, el número de metales dorados que alcanzó en los Juegos. De hecho, de ese último oro logrado por Phelps en los 4x100 estilos partieron las lágrimas de su adiós. Este y otros episodios podrían plasmarse pronto en una biografía, otro de los proyectos que tiene en mente.

Además, en las últimas semanas se le pudo ver en un vídeo promocional del videojuego Call of Duty, Infinite Warfare, junto al actor Danny McBride. En relación a este sector, en la noche del viernes al sábado fue el encargado de presentar el galardón al mejor jugador de eSports en la gala de The Game Awards.

A pesar de todo, durante el anuncio de su retirada en su discurso de los premios Golden Goggle de la natación estadounidense, dejó claro que el cloro seguirá sin darle alergia. «Finalizó la natación de competición, pero nunca estaré muy lejos de la piscina». Al igual que Jordan en Charlotte, Phelps no dudará en sentarse en primera fila.

Su mujer, Nicole Johnson, y su hijo, Boomer, pilares en un nuevo día a día sin ningún exceso

La de Phelps fue una vida ejemplar hasta que consiguió superar en Pekín el récord de siete oros de Mark Spitz. En la capital china se colgó ocho metales dorados y, a partir de ahí, se relajó. En el 2009 fue suspendido durante tres meses por fumar marihuana y, aunque triunfó en Londres 2012, el camino posterior estuvo plagado de fiestas y alcohol, hasta que en 2014 decidió entrar en un centro de rehabilitación y frenar. «Los dos últimos años de mi carrera han sido, probablemente, los más felices de mi vida tanto dentro como fuera del agua. Tuve el privilegio de tener un bebé precioso», asegura ahora el nadador, en referencia a Boomer Robert, su hijo de seis meses, que incluso tiene cuenta propia de Instagram, con 769.000 seguidores

El pequeño es ahora uno de los pilares en su nuevo día a día. Fue fruto de la relación con su actual mujer, Nicole Johnson, con la que se casó en secreto en Arizona el 13 de junio, apenas dos meses antes de competir en Río. Después de nueve años con altos y bajos en el noviazgo, ahora se han estabilizado y, de hecho, se casaron por segunda vez en octubre. Ambos llevaron a Boomer esta misma semana a tomar su primera clase de natación, con el asesoramiento de la primera entrenadora de su padre, Cathy Bennett.

Por otro lado, Phelps se ha prodigado estos meses por varios programas de televisión, en los que llegó incluso a imitar a Eminem. Es conocida su afición por el rap y también por los disyóquey, entre los que tiene numerosas amistades. Además, acude en más de una ocasión a ver a los Baltimore Ravens de fútbol americano, que ya le han rendido varios homenajes. En definitiva, una vida repleta de actividades para un nadador único, tal y como dijo su último preparador, Bob Bowman. «No creo que vuelva a aparecer un Phelps», asegura.

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