El golfiño del Peixe Galego acumula dos sanciones por tapar la publicidad... y por alguna irreverencia
28 ene 2017 . Actualizado a las 17:47 h.Le han expuslsado de la cancha dos veces solo en el tiempo que estuvo en LEB Plata. Al club le ha costado quinientos euros extras solo durante las dos anteriores temporadas. Ahora acaba de aterrizar en LEB Oro y amenaza con volver a convertirse en la mascota más famosa de la categoría. Apenas lleva un par de jornadas asistiendo al pabellón de A Raña a cumplir con su misión, pero el Marín Ence Peixe Galego está cada día más encantado con Golfy. A pesar de ser, sin duda, la mascota más gamberra de la tercera categoría del básquet español y de amenazar ahora con dejar su sello en la segunda, el delfín que anima a la afición del club revelación del baloncesto nacional, ese que proviene de un municipio de poco más de 25.000 habitantes, del que nadie había oído hablar hasta hace poco y que hace apenas cuatro años militaba en EBA, es adorado por los peixiños. Aunque a su modesto presupuesto -llegó a plantearse si ascender o no, a pesar de haberlo conseguido automáticamente, por no estar seguro de poder reunir el dinero del depósito de LEB Oro- le cueste hacer hueco para dos multas de 250 euros cada una.
No lo hace por mal, ni le gusta que le tachen de gamberro. Las dos sanciones que le impusieron en sendas temporadas consecutivas -no fueron el mismo año-se acogían a la misma falta: tapaba la publicidad. «Estou para alegrar e animar, e cando botan á mascota da pista é peor porque o público aínda silba máis», explica Golfy.
«Disque incito o público a poñerse en contra do árbitro, pero non te podes reprimir», dice, cuando se quita la cabeza de arroaz, Iván Bello Varela, «pero non te podes reprimir. Levantas as mans por instinto e, como o público non podes botalo, botan á mascota». Y, a continuación, admite que algún árbitro le ha advertido antes de comenzar el partido: «Non te comportes como a última vez». Fue en las ocasiones en las que se acercó a ellos antes de iniciar el encuentro para hacerles una reverencia. Pero eso es todo, asegura. «Fastidíame, porque ás veces fas o mesmo ca noutros partidos e te multan por invadir a zona de publicidade. Preferiría que antes de cada encontro me dixeran ti móvete por aquí, nesta zona», dice.
«O traxe furado»
Si el partido es muy ajustado, no puede evitar levantar los brazos o echarse las manos a la cabeza ante ciertas jugadas. Le cuesta alejarse del equipo, incluso siendo de Rianxo y teniendo que gastarse casi todo lo que cobra en gasolina y peaje cada dos semanas para llegar desde su casa de Barbanza hasta el pabellón de A Raña. Pero le compensa, dice el joven de 24 años. Más incluso que ejercer de monitor de rafting y actividades extremas, que es de lo que vive en verano. En invierno, los días de trabajo se limitan a los fines de semana. Pero, si hay partido del Peixe Galego, renuncia a ellas. «Prefíroo, pásoo ben; levo tres anos e non me gustaría deixar iso. Economicamente me sairía mellor quedar na casa», pero reconoce que verse rodeado de cientos de personas que le animan a animar le puede.
Y eso que llegó por casualidad. Estudiaba el ciclo superior de Actividade Fïsica en Carril cuando un amigo suyo que era director deportivo del equipo, Saúl Ares, le pidió que fuera a hacer de mascota. Hasta el momento, Golfy era cada día un jugador diferente de la cantera. Llegó incluso a ser la madre de alguno de ellos. Pero aquel día no había voluntarios, y su compañero de estudios había visto «bailar gracioso» a Iván. Aquel día le dijeron que hiciera lo que quisiera, y que se lanzara a lo futbolista, resbalando sobre sus rodillas, a la cancha. Lo hizo y acabó «o traxe furado e as miñas rodillas queimadas», recuerda todavía entre risas. Tuvo que coserlo, y ya no volvió a hacerlo más. Fue así como se enganchó desde el primer momento a su nueva doble identidad, y desde entonces no ha sido capaz de renunciar cada dos fines de semana a vivir el azul como si fuera su color vital.
«Estrella de mar» y «Neptu»
Es un romance en toda regla. El Peixe Galego ha encontrado en Iván su mascota perfecta. Mejor que la sucesión de Golfys que habían pasado por el pabellón de A Raña. y mucho mejor que Estrella de Mar y Neptu, las dos que tenían cuando estaban en el colegio San Narciso. Un día fueron a rescatarlas para un partido y ya no estaban. Y eso es algo que, al menos por el momento, Golfy nunca les va a hacer. Y menos mal, porque el traje costó unos mil euros, y la cosa no está para bromas. Ni para multas.