«Slow Mountain»

Con un estilo coloquial y franco, Juanjo Arbizu, repasa algunos de los males que puede sufrir un montañero y aboga por acercarse a la montaña de otra forma


Redacción / La Voz

 «Citius, altius, fortius»: Más rápido, más alto, más fuerte. El lema latino resume el afán de superación de toda actividad deportiva. Pero en ocasiones ese legítimo propósito puede verse desvirtuado por una competitividad mal entendida. El montañero Juanjo Garbizu (San Sebastián, 1961) ha detectado esos síntomas en su deporte, que por sus características -entre ellas, la precaución y el entorno- parecía ajeno a los excesos de otras disciplinas: desde un incremento en la velocidad y en el tiempo empleado en ascensiones, hasta la irrupción de las redes sociales, que hacen que algunos estén más pendientes de contar su proeza que de disfrutar el momento.

Tomando como base su experiencia, Garbizu ha escrito otro libro que de alguna manera se entiende como una continuación a su exitoso Monterapia -ya por su séptima edición- y que propone otra visión de la montaña, condensada en su título: Slow Mountain. Con un estilo coloquial y franco, repasa algunos de esos males que ha podido presenciar durante sus excursiones -un término cuyo aroma viejuno reivindica el autor- y aboga por acercarse a la montaña de otra forma. No desde la lentitud, como podría parecerlo por el título, sino desde un ritmo adaptado al entorno, que permita su disfrute y la convivencia con los compañeros. Algunas de las propuestas de Garbizu pasan por no obsesionarse con ser el primero, a costa de romper la unidad del grupo; llevar el móvil cargado por si surge una emergencia, pero mantenerlo apagado; evitar retransmitir la jornada en tiempo real; dejar el lugar cómo se encontró; recuperar fuerzas con alimentos naturales, y no obsesionarse con batir marcas, sino dejarse llevar -el vagabundeo es otra de sus reivindicaciones, frente a las rutas profusamente señaladas in situ y documentadas digitalmente- para disfrutar del momento. Además, plantea una interesante cuestión, la de la convivencia en un mismo espacio de actividades tan diversas como el excursionismo, el trail running o la caza, sin que interfieran sus prácticas.

Al margen de numerosas historias sobre sus años de alpinismo, Garbizu toca el nacimiento del movimiento slow desde sus inicios gastronómicos y, aunque su libro interesará especialmente a los que compartan su afición, puede leerse como una reivindicación a tomarse las cosas con calma en un mundo acelerado.

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