Mireia Belmonte, hasta Tokio y con Fred

La española anuncia que quiere estar en la próxima cita planetaria, la de Japón


río de janeiro / colpisa

«Ufff. Al salir no podía casi ni andar del dolor... Esa es buena señal». Mireia Belmonte terminó cuarta la final de los 800 metros libres y se marcha de Río 2016 con un brillante oro en los 200 mariposa y un agónico bronce en los 400 estilos. «Y no hay que olvidar este cuarto puesto. Es récord de España. Con una marca peor fui plata en Londres», apunta mientras se seca las gotas de su chapuzón final en la piscina brasileña. No será el último. «Claro que iré a los Juegos de Tokio. Estoy en la flor de la vida. Esto me gusta. Me queda mucho por disfrutar».

Tiene 25 años, es la mejor nadadora española de la historia y aún quiere ser más. Acaba de iniciar otro viaje olímpico. A los 800 metros entró por la peor calle: la 8. Arrinconada, tapada por la ola que nacía desde el vértice de la prueba, desde Ledecky. La americana, ya se sabía, nadó sola. En aguas libres. Mireia, por el pasillo. «Miraba y no veía nada. No tenía referencias», contó. Así que, boca abajo, empezó a cumplir su plan: «Tenía que salir rápido, aguantar lo posible y darlo todo al final». Fácil de decir. A Mireia le gusta canturrear cuando nada el 800. Son ocho minutos de taladrar los músculos. Era la sexta prueba que afrontaba en estos Juegos y le puso su particular banda sonora. Cantar y nadar.

Mireia, con sus cuatro medallas olímpicas, es el ejemplo de que todo es posible con empeño. Cada domingo, Fred Vergoux le envía el plan de entrenamientos de la semana. Siempre hay algo nuevo. Mireia sólo sabe seguro una cosa: el lunes empezará a entrenarse a las seis de la mañana. Tiene todas las horas del día ocupadas en la natación. Ocho horas de entrenamiento y las demás, destinadas a recuperarse lo mejor posible para la siguiente sesión. Hasta cuando duerme se prepara. La única manera de soportar una condena así es la pasión. Con ese combustible ganó dos platas en los Juegos de Londres 2012 y ha recogido ahora en Río de Janeiro un oro y un bronce. Ciclos de calvario autoimpuesto.

Ayer acabó uno. Y ya se metió en otro. Quiere llegar a los Juegos de Tokio 2020. Tendrá 29 años y competirá ante niñas que hoy aún están en la escuela. La natación exprime la voluntad. Cuando el cuerpo responde, la cabeza le sigue a rueda. ¿Y cuando llegan la fatiga, las dudas, la tentación de dejarlo? Entonces es la cabeza la que tira del cuerpo.

Como recuerda Vergnoux, Mireia, campeona olímpica, no es su nadadora con más talento. La chica de oro en Río no es la mejor de su club. La distingue su voluntad. «Cada día quiero se mejor. Cada día tengo más ganas de mejorar», repite como lema. Rafa Nadal es, como confiesa, su «ejemplo personal». «¡Vamos!». El grito que comparte con el tenista.

-¿Cómo se define?

-Soy una chica de 25 años que nada y estudia relaciones públicas y publicidad, y que se entrena todos los días.

Hace un año, tras rodar un anuncio buceando junto a los tiburones del Aquarium de Barcelona le preguntaron si había pasado miedo. «Yo no tengo miedo a enfrentarme a nadie». Y cuando Katinka Hosszu batió su récord del mundo, sólo pensó en que tenía que mejorar. «Cuanto más nadas, más aprendes». Con esa frase tatuada en la mente lleva veinte años en el agua, desde que su espalda torcida aconsejó a sus padres que la metieran en una piscina. Y aún no quiere parar.

«Perderme el Mundial de Kazán me hizo madurar como deportista» 

Mireia Belmonte se declara «insaciable». Tras convertirse en la primera nadadora que conquista un oro olímpico en 200 mariposa con 25 años, ya piensa en el Mundial de Budapest del próximo año e incluso en los Juegos de Tokio 2020. «He conseguido mi sueño, la medalla de oro que deseaba toda mi vida, pero ahora el Mundial es el objetivo. Siempre tenemos nuevos retos. Me queda ser campeona del mundo en piscina de 50. Somos insaciables. No hay que conformarse con lo que se tiene», proclamó ayer Mireia, en compañía de Fred Vergnoux. «Un entrenador muy exigente y muy duro», como lo calificó la catalana, que cuando llegó a la Villa pasadas las tres de la madrugada después de ganar el título olímpico no pudo ser felicitada en ese momento por ningún otro olímpico español. «No había gente. Estaban todos durmiendo», afirmó entre risas.

El momento más duro de su vida

«Si en el 2020 llega una medalla, estaré más agradecida, pero si no, ya está muy bien lo que he conseguido», reconoció Mireia, que confesó que llegó a temer perderse la cita brasileña por las lesiones en los hombros que el pasado año le obligaron a quedarse fuera del Mundial de Kazán. «Cuando tuve que renunciar a Kazán creí que no había salida y tenía que renunciar también a los Juegos. Fue bastante duro ver ese Mundial por la tele, pero fue una buena idea. No recuerdo un momento más difícil en mi vida que ese, pero lo agradezco, porque me hizo reflexionar, parar a tiempo y madurar como persona y como deportista», subrayó la gran figura de la natación española, la reina de la piscina. 

«Estoy seguro de que será más rápida en el futuro»

El técnico francés Fred Vergnoux, la sombra de Mireia Belmonte desde el 2011 auguró que «va a nadar más rápido todavía en el futuro». Tras puntuar con un nueve la actuación de su pupila en la ciudad brasileña, «porque el diez es el fin de algo», Fred Vergnoux comentó en rueda de prensa que Mireia Belmonte es como «el buen vino francés, con el tiempo sigue mejorando». Por ello predijo que en el futuro la catalana, de 25 años, «va a nadar más rápido todavía». Vergnoux considera que el «futuro puede ser todavía más bonito» para la cuádruple medallista olímpica. Belmonte agregó a las dos platas que consiguió en Londres 2012, en las pruebas de 200 mariposa y 800 libre, el oro y el bronce cosechados en Brasil.

El preparador reconoció que necesitará «un par de días» para darse cuenta de lo logrado en los Juegos de Río después de «cuatro años muy largos que han pasado muy rápido». «El papel de Mireia ha sido otra vez grandísimo. Su magia ha sido bastante especial», subrayó. Ilusionado por el ciclo nuevo que comienza, Fred Vergnoux apuntó que tras las vacaciones se situarán frente a un «papel en blanco» sobre el que construirán el futuro, quizás con más trabajo en altura. «Ese es un mundo por explorar». «Si hace falta ir al Everest para mejorar, lo vamos a hacer», añadió.

Las concentraciones en Japón, según adelantó, podrían ser incorporadas igualmente al programa de entrenamientos de Mireia Belmonte, para quien busca «más retos» tras haber comprobado en Río de Janeiro la fuerte evolución de la natación desde el 2012. En ese período, su pupila incluyó «cambios radicales en cuanto a nutrición, preparación física o trabajo de fuerza». «Siempre estamos buscando cosas nuevas, buscando dónde se puede mejorar», recalcó. Vergnoux señaló, asimismo, que la imagen que ilustra el final de los 200 mariposa, con la australiana Madeline Groves a escasos centímetros de la española, refleja el trabajo del último ciclo olímpico. «La rival no se mueve porque no se puede extender más y a Mireia, en cambio, le queda esta extensión», recalcó.

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